Yo también creo en las hadas…

Las cosas se pusieron complicadas y parecía imposible que pudiésemos llegar a tiempo para entregar el cómic de San Mateo. Así que decidimos salir a dar una vuelta y buscar ayuda. El asunto era complicado porque estábamos demasiado lejos de nuestra casa para que el “ángel de la Universidad” viniera a rescatarnos, pero vagabundeando, vagabundeando,… llegamos a una calle que se llama Pintor Cabrera…
En esa calle esperándonos tras los cristales de un lugar mágico apareció la solución. Un ejercito de duendes, hadas y personajes mágicos nos esperaban para ayudarnos a terminar a tiempo…
Tras varios días con sus noches en vela, logramos terminar a tiempo el cómic. Mil gracias. Ya sabemos que allí en Pintor Cabrera podemos encontrar a nuestros amigos. Si los necesitáis sólo tenéis que colocaros en mitad de la calle, mirad hacia el edificio más alto que veáis y decir “Yo también creo en las hadas” y cuando bajéis la mirada… allí estarán.

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