Traspasando fronteras: “¡Que vienen los húngaros!”

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Un escenario, unos cuantos paraguas, algunas sillas y un entusiasmado director es todo lo que se necesita para hacer de estudiantes comunes, unos actores que conmueven y enmudecen al público con su obra.

Organizado por la Asociación Amigos del Teatro de Cuenca, el pasado viernes llegó desde el Instituto Bilingüe de Miskolc (Hungría) un grupo de jóvenes que, dirigidos por uno de sus profesores, representaron en la Iglesia de San Miguel un conjunto de tres obras cortas llamado “¡Que vienen los Húngaros!”. El instituto se encuentra, junto con otros siete, dentro de un programa que les permite hacer teatro en otros países y en un idioma que no es el suyo. Los actores, por su parte, afirman que la decisión tanto de estudiar español como de unirse al teatro es suya: “tienes una compañía que te hace sentir bien, te diviertes con ellos y además puedes dar algo a la gente, puedes mostrar algunos sentimientos”.

En la primera obra, El tercer huevo, aparece un cúmulo de sillas amontonadas que hace de frontera entre el lado rico y el pobre de un estanque. En la representación, los actores hacen una crítica social en la que dejan claro que las diferencias entre las personas de un país rico y las de uno pobre las creamos nosotros mismos, pero que en el fondo no existen. Se trata de una obra que invita a la reflexión y que finalmente deja sin habla al público.

Sin apenas palabras pero con gestos, los estudiantes húngaros sorprendían a los allí presentes con El niño que coló una pelota en el cielo. Una muy coordinada coreografía fue suficiente para representar a la perfección la diferencia entre dos niños con una historia similar, en lugares diferentes del mundo.

En El tercer camino, la última de las obras, se presenta con paraguas decorados un pueblo del que salen tres caminos: uno lleva al río, otro al templo, y otro que nadie ha explorado jamás. El grupo de teatro pretende resaltar la idea de que los grandes premios son para la gente que se atreve a innovar, para los que no siguen las convenciones sociales. Así, los protagonistas, hartos de hacer lo correcto y sin saber lo que les espera, deciden comenzar su marcha por el tercer camino.

De esta manera, con muy pocos recursos escénicos y materiales caseros, los actores húngaros consiguieron hacer llegar al público la crítica social que con tanto mimo representaron.

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Texto de: Cristina Sotos Fotografías de: Frida Reyes y Liliana Estrada

Puedes ver más material sobre esta obra en: http://makingdos.tumblr.com/tagged/020152

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