Todos invitados al Festival D’Palabra

Crónica de la segunda jornada del Festival D’Palabra. En Cuenca la cultura está de fiesta.

Con panoramas destinados para grandes y pequeños, el público vibró con las rutinas que fueron presentadas en su segunda jornada consecutiva, donde tanto la curiosidad, las risas y la imaginación fueron los principales elementos que se tomaron las intervenciones de los invitados, cuyas funciones se han desarrollado tanto en el Teatro Auditorio como también en la Iglesia de San Miguel, ambas locaciones en cercanías del centro histórico de Cuenca.

Con la premisa de “seducir con la palabra, con lo esencial, lo ancestral, para ir de la mano del humor, la poesía, lo antiguo, hasta el propio yo”, el Festival nos invita a reencontrarnos con la literatura mediante el relato hablado, para emprender un viaje a un sinnúmero de mundos que están narrados cuidadosa y sutilmente por los cuentacuentistas. Entonaciones, adivinanzas, juegos de palabras y los gestos son algunos de los elementos que nos permitirán viajar hacia el infinito.

Estuvo presente Raúl Vacas proveniente de Salamanca, quien ofreció una función dirigida para menores de edad titulada “Niños Raros”, una obra personal que publicó hace unos años con la editorial SM con textos propios. “Muchos de los textos presentados en la función son parte de ese libro (…) la idea es jugar con la imaginación, las palabras y llevar la poesía un terreno lúdico”.  Además, Vacas dio a conocer que en cada una de sus intervenciones busca “permitir que el espectador descubra que cosas esconden las palabras. Es una instancia para que jueguen”.

Después fue el turno de la cuentera Cristina Verbena con la función “Una vez un bosque”, donde se hiló una serie de relatos apelando a la imaginación y también con ayuda de un libro, cuyas páginas desplegaban diversos paisajes donde se desarrollaban las historias que atraparon la atención de los asistentes, sobretodo de los menores de edad.  “Estoy muy contenta (…) había un par de niños muy entusiastas. He trabajado mucho con cuentos tradicionales y los adapto para el público, con motivos de otros cuentos y también estableciendo juegos con referencias”. También, Verbena explicó que el factor del público es fundamental para hilar los relatos. “Me dan mucho, ellos me van dando ideas en el acto y puedo adherir gestos que acompañen lo relatado con las ideas que me dan”.

También fue el turno de Momi Ogalla, trabajador social de profesión pero con pasión en el mundo del teatro. Su rutina, llamada “De idas y vueltas” y gestada en el Auditorio de Cuenca, consistió en una serie de cuentos que se van hilando en diversos rincones de la América colonizada por los españoles, configurando una suerte de viaje de norte a sur por diversos países para relatar estilos de vida y también la realidad social, para luego centrarse en la península ibérica y relatar las aventuras del Gato Saavedra, un felino andaluz con un particular estilo de vida y del que el cuentista le acuña una rutina con una serie de elementos locales.

“Ha sido maravilloso la respuesta del público. Cariñoso, acogedor, han respondido bastante. La sala medianamente llena. Un gusto para quien está en el escenario, es un placer estar aquí (…) Me dedico a contar cuentos desde hace 12 años”. El artista también abordó su infancia delante del escenario, recalcando que ni se imaginaba ser cuentacuentista, y lo que más le interesaba en dicho momento de su vida era jugar al fútbol. “En el primer cuento de este espectáculo, explico que de niño no me gustaba mucho leer, pero me vino el gusto desde mas tarde. Pero fui desarrollando el teatro y la interpretación con 18 años, cuando estaba en una compañía de Aula de Teatro Universitario.  Cuando empecé a trabajar como Trabajador Social, decidí, como no podía seguir con los ensayos del grupo, pues como tenia muchas ganas de seguir contando y haciendo cosas escénicas, decidí empezar a contar cuentos”.

Finalmente, reapareció Raúl Vacas para cerrar la jornada, esta vez dirigida para un público adulto, puesto que se hablaba ya de temas bastante pasionales como amar, vivir y morir, con su función llamada “Tres Heridas”, también consistente en poesía, donde se abordaban estos tres grandes temas y donde se reflexionó mediante la creatividad lo que son las tres tareas del ser humano, para acercar al público adulto la poesía desde el juego, la sorpresa y la emoción. A su vez, al artista le acompaño una serie de objetos que sirvieron para hilar los relatos: desde cajas farmacéuticas para hablar de la receta que le dio un médico, hasta una cámara de fotos Polaroid que no hace fotos sino que poemas. “. “Ya desde joven me habían recetado nombres, adverbios, artículos, sílabas (…) somos un país que se automedica en exceso, yo me automedico con palabras (…) además, hay que tener en cuenta que hay muchos efectos secundarios si se consumen muchos poemas. Frente a un mal momento, la poesía para un joven es el remedio, mientras que el viejo siempre dice ‘creo que ya los he probado todos’”.

Al final de su intervención, el artista hizo una invitación a su público, relatando que no tan sólo deben mirarse hacia fuera de uno mismo sino que hacia adentro. “La poesía funciona como un espejo (…) para atraernos y mirarnos. Es importante la mirada, debemos mirarnos a nosotros mismos. Debemos buscar palabras e hilarnos, estamos hechos de palabras”.

Desde la organización, se ha detallado que para esta presente versión hay a disposición más espacios, y por consiguiente más sesiones y también más foros formativos. El Festival D’PALABRA propone un viaje por las historias de siete voces distintas, donde se garantiza la risa y donde el público enmudecerá desde donde nunca creerá poder haberlo hecho. El Festival cuenta con el patrocinio, colaboración y participación de diversas instituciones públicas y privadas, tales como el propio Ayuntamiento de Cuenca, la Comunidad Administrativa de Castilla-La Mancha, la Biblioteca Solidaria, el Teatro Auditorio de Cuenca, la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, la Biblioteca Solidaria, la Fundación de Cultura Ciudad de Cuenca, entre otros.

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