El Retablillo de Don Cristóbal. La ácida crítica lorquiana expresada en madera vida

El mágico Retablillo de Don Cristóbal de Ciquitraque. Foto: Edwin Enrique Álvarez
El mágico Retablillo de Don Cristóbal de Ciquitraque. Foto: Edwin Enrique Álvarez

Bien es sabido por todos, el poco amor que le procesaba el poeta y dramaturgo Lorca a la sociedad conservadora española. El poeta del 28 pagó el mayor precio posible por reivindicar una forma de pensamiento alejada de los cánones clasistas, forjados a golpe de fusta en una España oscura y difusa. Cerca del 80 aniversario de su asesinato, el poeta español por excelencia sigue reviviendo en cada obra que lleva su autoría, reivindicando una España crítica y renovada en cuanto al pensamiento social, tal y como se pudo disfrutar con su ácida comedia titiritera “El Retablillo de Don Cristóbal” interpretada por la compañía granadina de Pepe Rivera en TitiriCuenca 2015.

Se hace el silencio y la oscuridad inunda el improvisado escenario en el que se ha convertido la Escuela de Artes “Cruz Novillo”. Violín y flamenco, por iguales, llenan la sala transportando a los asistentes a un tiempo pasado de danza y festivales, a esa España de paredes encaladas y tartanas de inicios del siglo XX. Así da comienzo la obra que nos cuenta la historia del avaro y bruto adinerado Don Cristóbal y su fijación por encontrar una joven guapa e inocente con la que contraer nupcias.

Aprovecha Lorca con la historia de Rosita, la pobre dama designada por dinero para el matrimonio, para realizar una crítica a las tradiciones misóginas españolas, decorada bajo el humor, el tono absurdo y la inocencia que esconden estos títeres. La picaresca no podía quedarse fuera de esta farándula y vemos como Rosita aprovecha para romper los barrotes de un matrimonio no deseado convirtiendo a Don Cristóbal en un “cornudo de tomo y lomo”. A partir de aquí, adquiere la obra tintes del clásico de los clásicos de los títeres, la obra italiana “Pulcinella”. Garrote en mano del cornudo asistimos a un ensañamiento con Rosita tras dar a luz a diversos retoños, todos distintos a las facciones de un malhumorado y fuera de sí, Don Cristóbal. Una obra donde el poeta de Nueva York hace ver que la clase social, por muy alta que sea, no educa, que con dinero no todo se puede comprar y que las mentalidades cerradas del amor, expresadas en celos, y el casto matrimonio no tienen cabida en un mundo libre y de una sociedad abierta.

 

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