Ruptura de cadenas: meeting point con Lucas Graciano del Pozo

Una vez más, el Making se convierte en un hogar para los artistas emergentes y se tiñe de claroscuros durante la visita de Lucas Graciano del Pozo, escritor “desde las entrañas” que trajo consigo su nuevo poemario Lobotomía de un demonio, con la intención de extraer de nosotros, durante el meeting point, esas astillas y cristales rotos que guardamos en nuestro subconsciente bajo nuestro yo más profundo, ese yo que nos hace pensar y querer revelarnos contra todo.

La sala acogía en círculo a Lucas, nervioso ante el público, toqueteando sus cadenas de plástico y su chupa de cuero, pero con chispas de ilusión en su constante sube y baja de rodillas y su sonrisa de lóbulo a lóbulo. Antes de lanzarme de cabeza a las vísceras de su libro y dar paso a las intervenciones, comencé por preguntarle el porqué de su afición por la escritura, de dónde viene y a donde se dirige su camino.

Su pasión, según el poeta, viene de esa “necesidad de contar algo”. Lucas, cuando comenzó el Máster en Educación, después de haber finalizado Bellas Artes, cayó en la cuenta de que, durante aquél año, aprendió a jugar más con las palabras y a componer sus cuadros mentales mediante retahílas de versos. Para él, este proceso de creación, era como “ir formando ese cuadro que tiene varios elementos y vas cogiendo de aquí y de allí, y un día dije, venga, pues voy a pintar pero con las palabras”.

La literatura, como lleva haciendo desde hace siglos, pretende despertar en nosotros un impulso mental que nos mueva a pensar y a romper y crear nuevos esquemas. El escrutinio cerebral del personaje de este libro, pretende abrirnos la conciencia a una sociedad dormida dentro de una pasividad mortal, una sociedad que ya no se levanta a reivindicar sus derechos con el acero de su voz. “Quiero que la sociedad se inquiete y diga, valiente gilipollas, qué me estas contando. Aunque despierten odio o asco hacia lo que yo escribo, al menos sé que no les resulta indiferente y ya están pensando”.

Conforme avanza el hilo de la conversación bajo las lentes de las cámaras, redirijo mis preguntas hacia la sinopsis de su libro y el significado que esconde tras esa frase de “un desafío personal por que impere esa parte racional sometida por los instintos primarios”. Lucas, con ella, pretende hacernos recordar ese momento de soledad en el que nos visitan esos fantasmas que todos guardamos bajo la cama, aquellos que nos arrastran a nuestro lado más pasional, a ese lado violento y primario que no responde a ninguna norma, ya que al fin y al cabo, todos poseemos un lado animal con ganas de salir al ruedo, significado que fusiona con las imágenes de los minotauros que gobiernan la portada del libro.

Llegados el autor que recita y explica el significado de uno de sus poemas, Proyecto Educativo. Bajo los versos, Lucas, expone su visión sobre la educación a todos los niveles, desde la botella y la calle, hasta la casa y los padres. Esta perspectiva, aborda la dejadez de algunos padres en la educación de sus hijos, y la influencia que pueden tener la figura, tanto paterna como materna, en el desarrollo de la personalidad. “Este país es el reflejo inconfundible, de una educación que fluctúa entre irse de putas los sábados y a misa los domingos”. A veces, si los padres dejan completamente a sus hijos al libre albedrío de la vida, y no mantienen un contacto cercano, la televisión y el barrio, aquellas que no están al alcance de la vista protectora de los progenitores, pueden llegar a absorber hasta la última gota de la forma de ser de personajes poco recomendables, sin posibilidad de vuelta atrás.

De nuevo, justo detrás de una pequeña muralla de sillas, una mano se alza con una pregunta en la palma, y, como si fuese una flecha, la cuestión fue directa a los intereses más profundos del poeta, ¿cómo le había influido su lucha interna para escribir y que pretendía extraer de las personas con su libro? “Aunque el libro parezca así oscuro siniestro y tétrico, que lo es, no es un libro pesimista, porque el pesimismo son las personas que realmente no quieren luchar por cambiar la situación, pero el personaje, no se sabe cómo, suena la campana y se levanta. Es la actitud de guerrero que le dice ‘por mucho que me machaquen yo voy a levantarme, pero no a levantarme de la forma súper positiva, sino por simplemente seguir vivo’. Y con este pack de frases, como si fuesen hachas, Lucas corta en pedazos la visión habitual que suele tenerse sobre el pesimismo, porque el pesimista no es aquel que llora un día gris, o se enfada y maldice al mundo porque justo ha cogido el coche y ha pillado un atasco en la autovía, sino aquel con las herramientas suficientes para entrar en batalla y luchar por lo que quiere, pero, vencido por la pereza y el miedo a perder, prefiere quedarse sentado viendo la vida pasar.

Los minutos se escapan sin posibilidad de atraparlos y alcanzamos los 30 minutos de entrevista colectiva y mis ganas de seguir analizando el doble fondo del poemario no quedan saciadas, realizo un salto y me coloco sobre mi siguiente objetivo, el prólogo y la historia sobre una bestia que les promete el cielo y la fama a cuatro alumnos de Bellas Artes. La bestia, o mejor dicho, cucaracha, vacía los bolsillos de los cuatro estudiantes y muere violentamente, masacre digna de un buen Thriller, un cadáver colgado con sus propias entrañas girando en un ventilador. A primera vista, puede parecer un simple adorno truculento y llamativo para captar la atención de los lectores más morbosos, pero, debajo de la sangre y el alcohol, se encuentra escondida la vida de Lucas y la de muchos artistas:

“Tú tienes un recorrido desde que entras en la facultad en el que te aseguran un puesto de trabajo fantástico, y luego te das cuenta de que no es así, de que acabas con el culo al aire, y es cuando tienes que afrontar la realidad, que toda esta gente te ha estado engañando, que te tienes que esforzar mucho, de que tienes que apostar por ti. Nadie te va a dar la receta del éxito, hay que pasarlo muy mal para pagar un mes de alquiler, te lo digo porque tengo un compañero de piso que acaba de vender un cuadro y, con ese dinero, tiene que pagarse el implante de una muela que le cuesta como el dinero de tres cuadros suyos”.

A partir del implante de una muela, conectamos con la oficina del INEM, a partir de un asesino, conectamos con otro. Continuamos con otro poema con truco de Lucas, Estado de sitio, donde la cucaracha que habíamos visto en el prólogo, se metamorfosea en un asesino cruel y sin piedad. En cada verso puede olerse la sangre coagulada de los pedazos de carne humana que gobiernan el hogar del psicópata, miembros de “frikis del diseño 3D” y cualquier tipo de persona que puedas llegar a imaginarte. Cuando llegas al final, cuando piensas que el poema no podía invadir todavía más tu mente, el verso se cierra de par en par con un “diríjase a la oficina del INEM más próxima”.

La muela del compañero, la visión del poeta, liga de una manera u otra con toda esta escena desagradable, ya que la miseria y la destrucción que impregna con viscosidad la violenta habitación, representa algo tan mundano como una oficina del INEM por la mañana. ¿Alguna vez os habéis fijado en las largas colas de caras apagadas y ojeras interminables que se forman en el INEM?, esos laberintos de Creta interminables donde ciudadanos de todas las nacionalidades buscan una oportunidad después de fichar, pero se vuelven con el alma por los pies cuando tan solo reciben un “ya te llamaremos” y al final, 1 de cada 10, recibe esa llamada desde un cielo inventado dentro de una oficina. “Ese desánimo, esa destrucción, es incluso peor que la del personaje”, sentenció Lucas, un segundo cierre a este análisis de su texto, un cierre que te hace pensar en la realidad del mundo en el que vivimos.

Ya resopla a lo lejos el final de este encuentro, y construimos un cierre a partir de una última reflexión sobre los últimos dos poemas, Caín y Abel y Mollie, donde aparece la figura de “el hermano”, y que mejor opción para finalizar este artículo que la respuesta textual del protagonista de la velada, una respuesta que, al igual que su libro, te guste o no, no te dejará indiferente.

“Esos son los poemas más duros en el sentido de que es buscar lo más profundo, y cuando buscas en lo más profundo, ves reflejado una persona, que esa persona eres tú pero no eres tú, porque es lo más destructivo que hay en ti, entonces yo hacía esa similitud, esa dualidad con el personaje, que se parte en un hermano, en el que los dos son hijos de un dios y son ángeles caídos, y uno de ellos se da cuenta de que no quiere pasar el calvario de ser un salvador por una sociedad tan miserable que no mueve un dedo por su propia existencia, entonces el salvador y el destructor se hacen uno, solo que uno destruye de manera directa y el otro actúa más por la espalda, de una manera más ruin y traicionera”.

“Es una movida tener 31 años, intentar miles de formas para poder dedicarme a algo que realmente me apasione, y algo que me llene porque no serviría para estar en una fábrica cargando sacos y ser un eslabón más de la cadena, pero es jodido porque se termina, apuesta todo, dejas el trabajo que tienes, vienes aquí a Cuenca, un lugar ajeno con la esperanza de terminar y hacer algo que realmente te llene pero pasan cuatro años que es la carrera y no hay nada, pruebas mil  cosas y ahí estas, sin nada. Pero todo esto me sirvió para darme cuenta de que se puede crear con las palabras, de que toda mi vida sirve para algo, y esa fuerza es la que saco para seguir pal ante porque la única forma es seguir y luchar, apostarlo todo.”

Aquí llega, a partir de este párrafo textual del autor, una reflexión sobre la esencia de su obra. Esta cita, resume gran parte de las páginas de Lobotomía de un Demonio. Lucas, es una de esas personas que, con solo leerle, sabes que a sus 31 años, no se ha rendido aun estando en la nada. No solo nos construyen los buenos momentos, también los malos, los días con lágrimas saladas en los que nos regodeamos con la almohada.

Lucas supo desde el momento número uno que su libro también despertaría asco y tal vez odio hacia su persona, pero es el precio que hay que pagar por luchar contra el edulcoramiento que hoy en día nos invade para mantenernos quietos e impasibles ante las injusticias de nuestro alrededor. Todo lo que he destacado en este artículo, aunque puedan parecer temas independientes, se encuentran conectados uno con otro, creando temas que se encuentran en nuestra realidad. En este meeting point hemos visto esas esquinas oscuras del ser humano y de la sociedad que el positivismo hiperazucarado intenta taparnos para no aprender y despertar.

Lucas sufre por vivir fuera del círculo de confort en el que muchos vivimos, y este poemario, es una llamada de atención desesperada a la sociedad, un mensaje que no te dejará indiferente como he dicho repetidas veces a lo largo de estos párrafos. Todavía permanecemos equivocados en miles de cosas que dábamos por sabidas, como en nuestra concepción del positivismo. El positivismo no es sonreír a diario ni conseguir todas tus metas, el positivismo, como dice Lucas, es levantarse con el rostro triste y roto solo por “joder” al colectivo que te pisaba con fuerza para aplastarte. La sociedad todavía permanece dormida y sin ganas de mover un dedo por cambiar y lavarse las capas de protección ante el dolor de la pura realidad, la realidad de que ya comienzan a aparecer ángeles caídos que se cansan de pelear por un mundo que no actúa hasta que se ve en lo más profundo, que duerme en paz siendo uno más que obedece a cualquier convención, o que se conforma con parecer un rebelde sin causa sin salir a luchar a la calle. Vivimos en un mundo en el que damos una cara en la misa de los domingos y otra en los prostíbulos, en el que ya nos cansa incluso dar buen ejemplo y sentarnos a escuchar y a comprender al de al lado.

Nos estamos sumergiendo en una burbuja de pereza y anestesia que nos da el capitalismo con manzanas envenenadas y brillantes, como los móviles, las sonrisas estudiadas o la idea de vida perfecta para que no podamos ver que en la oficina del INEM, hay una persona que vuelve a casa con las manos vacías. Esa persona ya se dio cuenta de que nadie te regala la receta del éxito y que los mensajes de las tazas de “todo lo consigues, solo imagínalo” y los libros a un euro de autoayuda de coachings personales, no son suficientes si no renaces del dolor.

No hay subida sin bajada ni paz sin lucha. No hay buena reflexión sin este poemario escrito desde las entrañas.

Un texto de Aroa Ruiz Ruiz con fotografías de Nereida Dusten para #MakingUCLM

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