Reina Lluvia. Entrevista a Adrián Mena.

Parte del equipo del makinguclm ha realizado una entrevista a Adrián Mena para abordar los detalles de su exposición –¿Qué tal la lluvia? Demasiado larga la correa-, y también así, intentar entender un poco mejor los pensamientos del autor:

Esta entrevista comenzó un poco antes de la hora prevista, y por ello, empezamos a escribir desde aquí: estábamos dirigiéndonos a la facultad cuando de repente una voz nos saluda por detrás, es Adrián Mena, el  entrevistado;  nos paramos y comenzamos a andar con él. Me fijo en que lleva un paquete de folios en la mano, pero el grande, el de 500, y mientras me preguntaba si llevaba una bolsa que poder ofrecérsela, me incorporo a la conversación para recuperar esta frase “Un artista es como una patata, a veces hay que hacerla frita, otras cocida, otras veces la acompañas… pero sigue siendo una patata, algo pobre”.  Adrián utiliza esta metáfora tan ingeniosa a la par que apetitosa para explicar que un artista tiene que saber hacer de todo.  Ser  ‘un hombre orquesta’ como dice él. Pero tampoco podemos adelantaros más, no queremos hacer spoilers.

Esta charla improvisada que nos ha acompañado durante el camino nos ha servido como preludio para sospechar que la siguiente hora iba a ser por lo menos entretenida, no estábamos desperdiciando la tarde del viernes.

Llegamos a la Universidad y  entramos en  ‘la sala de la escalera’ un gran espacio neutro, donde el blanco es el color protagonista. Lo único que rompe esa sincronía son las obras de la exposición  de Adrián -¿Qué tal con la lluvia?/Demasiado larga la correa– en las paredes de la sala, acurrucadas entre  unos libros que están pegados –literalmente- en la misma superficie, actuando como límite y barrera, como guardianes.

Encienden las luces y se deja ver un espacio perfectamente iluminado.

Comenzamos a preparar el ‘escenario’ situando las sillas que nos habían dejado de otras salas alrededor de la única mesa -blanca- que había en toda la sala.

Nos sentamos uno en frente del  otro, entretanto,  mis compañeras empiezan a  desenvolverse para hacer su magia. Ellas están haciendo su trabajo, así que  yo me dispuse a hacer el mío, escuchar a Adrián.

Empezamos a hablar de todo un poco, y conforme pasan los minutos se le ve más suelto, más cómodo, hasta nos cuenta una anécdota que le sucedió en selectividad,  todo esto mientras pone  en funcionamiento el tocadiscos de la sala y suena una música que acompaña perfectamente el ritmo de la conversación.  Parece que para él estos detalles son importantes.

Adrián es una persona expresiva,  tiene un rostro maduro que equilibra con una gran sonrisa,  su forma de hablar y los gestos que le acompañan anticipan que es una persona que sabe de lo que habla y aún más importante, que sabe hablar, elegir las palabras -y música- perfectas con la que introducirte en un contexto, en su contexto.

Tiene los pies en la tierra, pero conforme  se van destejiendo sus pensamientos  tengo la sensación de que también se calla muchas cosas, y eso también nos dice mucho de él. No debemos olvidar que tener los pies en la tierra no implica que la mente no pueda tener alas. Así que encendemos la grabadora,  con la esperanza  de poder verla volar.

Comenzamos por el principio, los principios de Adrián.

Nació en Madrid pero es de Extremadura, concretamente de Badajoz,  al oírlo nos  preguntarnos qué hace un extremeño-madrileño estudiando bellas artes en la ciudad conquense, a lo que responde, para nuestra sorpresa, que él  realizó el bachillerato científico-tecnológico, al terminarlo regresó a su ciudad natal para realizar el grado en filosofía  “pero porque no me aceptaban por aquél  entonces en bellas artes”, que es la carrera que él quería realizar desde un principio.

Finalmente le aceptan en la Facultad de Bellas Artes en Cuenca,  le comunicamos que dicha facultad tiene cierta relevancia en ámbito nacional para poder colar la pregunta de si es merecedora de esa fama, a lo que él responde que no vino alentado por esa reputación, pero destaca una positiva característica de la facultad y es que anteriormente  se basaba en contratar artistas: “no buscaban tanto que tengan doctorados, sino gente que se dedique al arte y que sigue exponiendo”  aportando así  cierta diversidad en el complejo universitario.  Pero subraya que eso era ‘antes’, en los cinco años que lleva estudiando aquí nota como “esa diversidad se va aplacando” y nos pone un ejemplo:

“Cuando llegué aquí recuerdo que en la puerta del pasillo, en frente del bar,  había gente bailando break- dance, también se hacían inauguraciones cada semana;  ahora no, y eso es muy triste, porque se han perdido los intereses propios”, termina la reflexión añadiendo que él, en el día de mañana, se seguirá dedicando al arte, a crear, pero porque es lo que le interesa, a lo que le dedica su tiempo libre, independientemente de si su trabajo va a ser resumido en una nota que vaya entre el entre el uno y el diez, zanjando así este tema de la conversación.

Pero seguimos sin sentirnos satisfechos y queremos saber más de esa obra que nos vigila desde las paredes de la sala así que preguntamos qué o quién le ha inspirado para realizar todo esto , pregunta muy fácil o muy difícil de contestar para un artista, pero Adrián la resuelve muy fácilmente “se trata de utilizar las cosas que tengas a tu alrededor,  si ese alrededor es enriquecedor tu trabajo va a ser igual de enriquecedor” para argumentar esta frase añade “si tú vas a trabajar desde tu casa, encerrado en tus cuatro historias, no hace falta que vengas  a hacer bellas artes porque  vas a seguir enfrascado en tus cuatro mismas historias”. Es lo que nos comentaba con la metáfora de la patata, es importante salir de tu cubículo para poder avanzar como artista.

Tiene ciertas ideas claras, y la de ‘empaparse del exterior’  es una de ellas, pero queremos conocer más y  esta  frase que encontramos en la ‘exposición escrita’ de su trabajo -“las palabras son algo más que aquello que dice el diccionario”- nos deriva a dos conceptos muy presentes en estos dos años de investigación, la asociación y la observación.  Así nos los explica:

“Las palabras son muy evocadoras  a la experiencia de uno mismo, a sus vivencias” y nos explica el porqué: “cuando tú lees la palabra verde, no recuerdas la definición de esta palabra en el diccionario, tu cabeza la asocia, dependiendo de tus experiencia en la vida, con tu equipo de fútbol, con el árbol donde jugabas de pequeño, y ahí empiezas a vislumbrar en tu cabeza la historia que estás leyendo, pero con elementos tuyos” mostrándonos el porqué es tan importante  ese concepto de la asociación.

Nos define  el siguiente concepto, el de la observación,  como “ganas de empaparte de tu alrededor y no solo depende de los ojos,  si tú te abres a utilizar cualquier cosa, vas a notar que creas más” resume  estas ideas en una sola frase: “es como un microscopio, todo tiene mundo si tú lo pones en la herramienta adecuada”. Se pone de ejemplo a él mismo, nos cuenta que una tarde estaba escribiendo en un folio una línea y disgustado con el resultado arrugó el papel y lo tiró, pero luego empezó a fijarse en las arrugas y  sombras que éstas proyectaban  y le surgió la idea de escribir sobre ellas, como delimitándolas. Así es como creó una de sus obras expuestas llamada –Si mañana esto sigue así se acabará el mundo-, que sería conveniente que viesen para poder entender mejor la idea, pero eso, es elección del lector.

Como vemos cada obra tiene una historia y para poder seguir conociéndola  le preguntamos a Adrián si para realizarlas ha tenido que rebuscar en él, en sus vivencias o experiencias que ha encontrado a través de esas asociaciones que hemos nombrado antes. Responde mientras anota -sonriendo- algo en su folio: “es curioso porque una vez que se monta la exposición te das cuenta de que todo esto forma parte de ti, y de las influencias que tienes”  termina diciendo que no son recuerdos biográficos, sino “frases aisladas” que lee, que escucha por la calle dejándolas “lo suficientemente aisladas como poder crear otro recuerdo” sin importar el libro de dónde haya salido, o la conversación de donde la haya escuchado.

El tiempo se va alargando y debemos de ir terminando, pero no antes sin saber qué es lo que busca Adrián producir en el espectador con su obra, acertando en la diana, nuestro entrevistado responde  citando a Picasso: “yo no busco, yo encuentro” y se explica:

“Yo no pretendo adoctrinar, no voy a decirles lo que tienen que ver, que hagan lo que quieran” al fin y al cabo, añade él “escribir, dibujar, pintar es una manera de estar en el mundo” y según nos ha enseñado  esta conversación sabemos que  a cada uno le transmitirá algo diferente dependiendo de su grado de observación y de asociación, que también tiene cierto grado de bella ese arte individualista.

Apagamos la grabadora  y llegamos a la conclusión de que es muy difícil vivir del arte pero mucho más difícil vivir sin él,  porque la principal función del artista es  embellecer la vida, detenerla y observarla porque como leí en una de las obras de este observador artista – cuando detienes el reloj, le devuelves el tiempo a la vida– .

Texto de Clara Visier y fotografías Aroa Ruiz Ruiz y María Bajo Picaporte para Makinguclm

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