Raíces. Entrevista con Adolfo Córdova

Nos adentramos en el bosque de Adolfo Córdova -escritor, periodista e investigador-  para rebuscar entre la maleza y encontrar a los personajes que viven en ella, ya que son los únicos que pueden guiarnos hacia nuestro destino: conocer más sobre las raíces de ese bosque.

Citando su blog Linternas y Bosques: ‘Todo comienza en el bosque, de noche, con una linterna. Bienvenidos’

Son las cuatro de la tarde en una biblioteca cualquiera, de un jueves por ahí suelto, bebemos café solo pero con la compañía de un libro –El Dragón blanco y otros personajes olvidados-.Tratamos el libro con suma delicadeza ya que parece exigirlo, además, no es nuestro y debemos devolverlo intacto aunque a nosotros nos deje todo patas arriba.

Según tengo entendido, este libro se encuentra en el género de la Literatura infantil y juvenil, pero en el primer párrafo me doy cuenta de que esas palabras no tienen edad y la verdad, para ser totalmente sinceros, la literatura tampoco tiene un género establecido.

Me queda un sorbito de café mientras engullo el libro como puedo, quiero acabar esta historia antes de que sea menos cuarto, porque es cuando he quedado con el autor del libro que tengo entre mis manos, con Adolfo Córdova. Cierro el libro, me queda la mitad, pero para ser justos, el libro también se ha quedado con una parte de mí.

Entro a la sala donde nos encontramos la primera vez, charlo con la bibliotecaria mientras espero a que Adolfo llegue, no quiero meterle prisa, ya ha tenido un día bastante movido.

Se abre la puerta y entra con unos libros bajo el brazo, utiliza una sonrisa como saludo y rápidamente  se disculpa por llegar apurado,  mientras le observo llego a la conclusión de que su forma de ser y su forma de expresarse hacen una pareja perfecta que desborda naturalidad, en ese sentido me recuerda a los niños: no actúa, puede que sepa, pero no quiere.

Mientras buscamos un sitio en el que podamos sentarnos me fijo en que los colores oscuros predominan hoy en su estética: Pantalones y camisa oscuros, a juego con su barba y sus ojos. Pero a pesar de ese nocturno atuendo lo que le delató desde un primer momento es la mirada, como a todos, tiene una mirada transparente y serena, su mar es de aguas claras y calmadas, luego descubriremos qué encontramos en la orilla.

Conseguimos atrincherarnos en una habitación llena de libros infantiles, considero que atrincherar es la palabra adecuada porque me da la sensación de que entre estas estanterías Adolfo se encuentra como en casa, protegido de la guerra de ahí fuera. Confirmo mi presentimiento cuando me cuenta que aquí  es donde se pasa las horas leyendo, imaginando, investigando…  Pero creo que antes de seguir hablando de él es justo que os lo presente, perdonadme.

Mientras pienso en cómo presentarlo me encuentro con un dilema, ¿Una persona es lo que hace? Es decir, si yo te pregunto quién eres no es correcto responderme con lo que haces. Quién es para persona, y qué para cosa, y una cosa no es una persona.

Así que diré que Adolfo se dedica a escribir, y es lo que escribe.

Ya lo entenderéis al final de la entrevista, o eso pretendo.

Pero para hablar de él primero hay que hablar de qué trata su libro, el que nos estábamos leyendo acompañados de una café o viceversa. La idea en la que se basa en dotar de vida  a los personajes secundarios de los cuentos ‘infantiles’ clásicos, dándoles una historia más allá de ese párrafo o capítulos en los que aparecen en el cuento original, pero sin despegarse del argumento inicial, ya que no es una historia paralela sino complementaria.  Adolfo define su libro como “mirar en las orillas, en la periferia” y supongo que  esa idea y de esa frase debe se esconde una buena historia que yo quiero leer y no hablo de la de libro, sino de la de su autor.

Por lo tanto, me pareció oportuno comenzar la entrevista preguntándole ‘¿por qué los personajes secundarios?’, a lo que él me respondió que posiblemente esa elección tenga que ver con su propia historia y su profesión: “un periodista es un personaje secundario, tienes que serlo, y eso quiere decir que tú estás detrás de la historia del otro, vais a tener puntos en común, pero de alguna manera vas a tener que aprender a estar en la periferia” Lugar en el que él se siente más cómodo, nos confiesa. Pero frente al objetivismo periodístico, Adolfo nos explica que él buscaba un espacio con ‘mayor libertad creativa’  donde pudiese escribir sus historias fantásticas donde a la veracidad no se le da ningún papel, ni protagonista ni secundario.

Y prosigue: “lo que yo he hecho  con los personajes secundarios es lo que yo quería hacer en mi vida,  dejar de ser solo un periodista para convertirme en un escritor y  poder crear mis propias historias. Entonces, se puede decir que ese libro es un reflejo de mi propio proyecto humano en esta transición” Pero este no es el motivo de su libro, sino una consecuencia de la que creo que se acaba de dar cuenta.

Y es que esa transición de la que habla se remonta a sus inicios periodísticos, cuando trabajaba en el importante periódico Reforma de la ciudad de México, realizando al apartado de suplementos especiales y revistas dentro del cual destaca la sección Gente chiquita dedicada a los niños, ahí es donde descubrió la literatura infantil y juvenil de la que dice que fue como “amor a primera vista”. Por ese flechazo decidió renunciar al periódico y realizar un máster en Libros y literatura infantil y juvenil en la universidad autónoma de Barcelona, el trabajo final de ese máster fue un ensayo sobre los personajes secundarios en particular sobre Huckleberry Finn  de Mark Twain y cómo este autor para convertir a este  ‘secundario’ personaje en el protagonista del libro Las aventuras de Huckleberry Finn, segunda parte de Las aventuras de Tom Sawyer.

Con esa tesis sobre este personaje Adolfo presentó un proyecto en México para escribir un libro, le dieron la Beca Jóvenes Creadores del Fondo Nacional para la Cultura y las artes obteniendo la oportunidad de escribir El dragón Blanco y otros personajes olvidados durante un año, al terminarlo lo presentó en un concurso de literatura en el cual acabo ganando el Premio Nacional de Cuento Infantil Juan de la Cabada 2015. Instituto Nacional de Bellas Artes  y su posterior publicación.

Pero una cosa es el proceso y otra el motivo de un libro y uno de los más importantes, es que él piensa que los niños y los jóvenes son tratados como personajes secundarios, impregnándoles el  dogma de ‘esto es cosa de mayores, tú no lo entenderías’. Por ello, Adolfo quiere mostrarles que sí que son importantes, pero no desde una visión paternalista:” mi aproximación con la literatura infantil no es –salvemos a los niños- pero sí creo que dentro de la sociedad no tienen voz propia. Yo veía que eran ellos los que estaban en la periferia social, por ello le veía sentido a dedicarme a los jóvenes realizando libros con la mejor calidad posible”.  Es su manera de contribuir en esta ‘trinchera’, aclara.

Esta respuesta deriva en otra pregunta casi obligada ‘qué quieres conseguir en ellos a través de tus libros’. A lo que él nos responde que simplemente quiere  contagiarles por esa fascinación por los libros y la literatura, y que esos mundos ficticios les sirvan de refugio para la incomprensión del mundo. Como decía al principio, las palabras no tienen edad y la literatura no tiene género, solo hace falta que las quieras tal y como son, y ellas te devolverán el favor, por ejemplo a través de la historias de Adolfo: “aunque el mundo sea cruel, injusto, efímero, contradictorio, violento… quiero demostrarles que vale la pena quedarse”.

De esta manera Adolfo deja de escribir para los demás, prefiere pasearse por las orillas a recoger esas historias que estaban esperándole desde hace tiempo.

Y es que Adolfo lleva siendo escritor desde pequeño, o por lo menos, imaginando historias. Como no, el origen de todo esto se encuentra en su infancia: “de pequeño mis padres siempre me contaban historias, mi madre es una mujer muy creativa y divertida, y cuando salíamos de expedición empezaba a hacer una narración en tercera persona, contando lo que nos iba ocurriendo” Su padre también le contaba cuentos antes de dormir, regando cada día la semilla que a día de hoy ha conseguido dar sus frutos y a su vez, echar raíces en cada persona que ha tenido un libro suyo entre sus manos.

Como conclusión nos dice: “viví en un ambiente lleno de poesía, música y  cuentos” y al acabar la frase se le escapa una sonrisa involuntaria; entre tú y yo, creo que con esa sonrisa le estaba dando las gracias a su familia.

También nos menciona que desde pequeño le ha gustado la naturaleza y explorar en ella, supongo que de ahí el nombre de su blog Linternas y Bosques. Rasgo que ha arraigado en Adolfo pasando a explorar mundos ficticios, procedentes de la naturaleza pero de su imaginación.

Y en eso se basa nuestra siguiente pregunta, que si piensa que quedan reflejos de ese niño que un día fue. Al finalizar la pregunta su cara es de sorpresa, esta no se la esperaba. Para respondernos nos remonta a una entrevista que le hicieron por uno de sus libros Para la niña detrás del árbol, libro que se inspira en la infancia del propio autor y en la de uno de sus sobrinos que compartía edad con el protagonista de ese cuento: “releyendo esa entrevista me di cuenta de que sí sigue habiendo muchas cosas en mí de cuando era niño, y una de ellas es que me apasiona lo fantástico, creo en la posibilidad de que ocurra cualquier cosa en cualquier momento

El tiempo se agota,  así que le suelto una catártica pregunta para poner fin a  la conversación: “¿se han cumplido los sueños que tenías de pequeño… y tus pesadillas?” Vuelve a reaccionar con sorpresa, inevitablemente su ternura me recuerda, otra vez, a la de un  niño. Al intentar dar una respuesta se da cuenta de que tiene realizar un pequeño viaje en el tren de sus pensamientos, justo donde quería llevarle. Tras unas

risas y unos minutos esperando en la estación, nos responde: “soy una persona que vive mucho lo que la vida te va ofreciendo, cambio rápido de decisión, ahora estoy con los libros para niños y jóvenes y para serte sincero no sé si voy a estar siempre aquí, pero si es verdad que en algún punto de mi adolescencia soñé con ser escritor, publicar libros, cosa que se cumplió y por la que me siento muy agradecido”

En cuanto a sus pesadillas Adolfo deposita una brizna de confianza en nosotros y nos cuenta la historia del fallecimiento de su padre hace cinco años: “él era un hombre que trabajaba mucho, eso le hacía estar un poco en la periferia de mi vida” Pero recalca que siempre se esforzaba en dedicarles tiempo y amor, y hoy es Adolfo quien le devuelve ese amor, dedicándole su libro.

Como creemos en que todo pueda pasar y en cualquier momento, quiero que imagines la posibilidad de que tu papá esté observándote desde la Luna acompañado por Fújur, el dragón de la buena suerte, pero en ese caso, su suerte, la nuestra y la de la literatura, eres tú,  Adolfo, gracias.

Una entrevista de Clara Visier, con fotografías de Valentina Martínez para #Makinguclm

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