Hoy más que nunca: Poesía Expandida en la Fundación Antonio Pérez

La Jornada de Poesía Expandida ha acabado con un encuentro muy especial en el Museo Fundación Antonio Pérez. Empezaban el pasado miércoles por la mañana, con “Poemas de emergencia”, con artistas y poetas de una índole muy variada. Como no podría ser de otra manera la jornada acabó en el museo que el propio Antonio Pérez fundaba en 1998, en el que se acumulan un sinfín de objetos que tienen parte de arte y parte de poesía.

Mónica Muñoz, conservadora actual del museo, quien también está haciendo ahora una tesis sobre ‘Objeto Encontrado’; se ha encargado de dirigir el recorrido por la Fundación, pero también por la vida de artista que no se considera aún del todo un artista, Antonio Pérez. Nace en 1934 en Sigüenza, en Guadalajara, y llega a pie a Cuenca, de la que se queda prendado. Su vida discierne entre Francia y España. En 1952 se matricula en Filosofía y Letras en la Universidad de Madrid, cuando conoce a Pio Baroja y a Vicente Aleixandre. Su vida siempre ha estado ligada a la literatura, de modo que en 1954 publica su primer poema en la revista ‘El pájaro de paja’, aunque no verá en la poesía (o al menos en ese tipo de poesía) su futuro. Cuando vio publicado el primer libro de poesía de su amigo Claudio Rodríguez decide que ese no es su mundo. Trabajó también en la editorial ‘Rol Ibérico’, aunque más tarde se permitiría el privilegio de crear su propia editorial; todo un capricho, de hecho, fue una editorial a la que él mismo llamó ‘Antojo’. Como Cervantes, poco después él mismo repetiría aquello de…

“Yo que siempre me afano y me desvelo

Por parecer que tengo de poeta

La gracia que no quiso darme el cielo”.

Sería en esos años, cuando comienza de alguna forma ese ansía por coleccionar objetos, por hacer de ellos un arte estético. En 1959 llega a París, y de nuevo queda enamorado. Mónica Muñoz nos explica que “a través de sus objetos él hace metáforas”; se parece a lo que hace Joan Brossa en su poesía visual, aunque dista bastante de ese estilo: “Él elige al objeto y lo descontextualiza, con lo que la poesía viene con los títulos que les pone a sus objetos”, objetos que apenas si manipula, ya que para él es el tiempo el encargado: El tiempo es un gran escultor.

Llega un momento en el que Antonio decide dedicar su vida a los objetos que encuentra, por lo que decide inaugurar otros dos museos para poder mostrar su obra. Una obra de la que se estima que a día de hoy hay más de 4600 objetos. Mónica Muñoz nos confiesa que cada vez que visita su casa la encuentra más poblada: “A veces es algo que te vuelve loca, no puedo seguirle el paso con mi tesis”. Por eso mismo, la tarea de clasificación se vuelve muy complicada y laboriosa. A veces los objetos se clasifican según el material o el homenaje. Su obra está colmada de homenajes que hace a diferentes artistas o amigos; en resolución, son homenajes a la historia del arte.

Si Pablo Picasso dice “no busco, encuentro los objetos”, lo que dice Antonio Pérez es todo lo contrario, él los busca, los busca sin parar. Son cosas a las que les da un nuevo significado. Muchas veces los encuentra en desguaces o basureros. El arte está en cualquier lugar donde él busca. En su etapa más juvenil, hasta acumulaba los fósiles que encontraba en los bolsillos de sus pantalones de pana. Este ansía llega incluso a la obsesión, pero nunca llega a rozar el síndrome de Diógenes.

Lo primero con lo que nos topamos en el museo es con “Cositas de la vida V” de Alfredo Alcain, un escaparate lleno de objetos que él mismo regalo al propio Antonio el pasado 2017, de lo que él diría “cómo no lo voy a querer, si está lleno de objetos”.

También hay cuadros y retratos, de diferente índole, una vez más. Muchas veces se trata de regalos que los artistas le hacían, artistas como Antonio Saura o Manolo Millares. Otras veces, se trata de simples botes de cristal que guardan a su vez otras piezas o que guardan únicamente ideas o poemas visuales. Es tanta la colección que ha tenido que agradecer a Saura y a Millares el que alguna vez hayan hecho inventario de su recopilación.

Una de las principales facetas que lo definen a la hora de buscar es esa capacidad de ver una cara conocida en cualquier lugar; en cualquier roca, ladrillo o lata con que se encuentre. Para él las latas aplastadas se vuelven por momentos rostros. A menudo se trata de homenajes a Antonio Saura que él denomina “Sobresauras”. En otras ocasiones, se trata del estaño de las botellas que se puede moldear hasta tal punto que lo que uno ve es la silueta de las Meninas.

Mucha de la literatura se encuentra en su obra. Uno puede pensar en La Metamorfosis de Ovidio, cuando contempla esos picos de acero separados de las excavadoras, metamorfoseados en cabezas de unos jaguares que acechan al visitante. Que, por otro lado, recuerda al afán de colección que hay en el mundo de la agricultura, la hoz, el carro, o el molino de grano. El hierro está presente siempre, así que no extraño encontrarse con algo como “La familia Monster”, unos cuantos hierros moldeados que por sus diferentes alturas recuerdan a una familia.

Lo rareza del museo puede transportarte a una revista satírico política de principios del siglo XX, una colección entera hay de ‘L´assiette au Beurre’, de la que destacan portadas muy sarcásticas sobre la I Guerra Mundial. Algunos investigadores han tomado conciencia de ello y se han interesado especialmente en esta revista de la que quedan ya pocos ejemplares.

Cuenca en sí está dentro de Antonio Pérez. La Taberna Jovi, muy frecuentada por Antonio Pérez, también es parte de la obra. “Sueño de un erótico bebedor” es una muestra más.

En definición, la destreza de este artista sigue muy viva, es un arte visual. Aún con sus 84 años ejerce lo que ha querido y ha hecho siempre, coleccionar objetos que en sí son obras de arte.

Texto de Juan Jesús Rubio Parra. Fotografía de Laura Salmeron Parra para #makinguclm

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