El orden en el caos de una “Impro Long Form”

Siete sillas, seis actores, cuatro cajas, tres recuerdos y un piano. Un recuento singular para una obra de teatro un tanto especial. Imagine por un momento que se reúne con cinco personas que apenas conoce, que tres espectadores al azar les comentan tres recuerdos y que a partir de esa mezcla deben construir una historia. ¿Difícil? Pues extrañamente no fue tan problemático para los seis actores de las distintas compañías que dieron cuerpo a esta singular “Impro Long Form”, para disfrute de los conquenses que el sábado asistieron al Auditorio con motivo de la Bienal Internacional de Teatro de Autor.

S8oxg5pGv6bZ2zpD4RMAb91e0AuIlJ2C0YZVyn77Zc8
Fuente: Judith Ferreras Expósito / Silvia Bernabé Esteban

Tres recuerdos: una fiesta del vino, remolacha azucarera y una comitiva de burros. Habría que estar loco o ser un genio para poder enlazar de cualquier modo entendible alguna de estas ideas. Y sí, es preciso aclarar que los acontecimientos se daban paso uno tras otros sin un hilo conductor vertebrado, o eso es lo que los asistentes imaginaban, pues los actores nos demostraron que incluso improvisando, es posible crear una historia completa de más de una hora y media de duración partiendo únicamente de los tres recuerdos mencionados anteriormente.

“Con la fiesta del vino…así empezó todo”. Y cierto es, un chico subido a un árbol que busca un lugar tranquilo donde descansar, un padre que se anima y una madre que le sigue. Una pareja pregunta el destino de un pueblo y a partir de aquí comienza una sucesión de intervenciones, de entradas y salidas de actores continua. “Un imaginario colectivo”, según palabras de uno de los actores, Daniel Llull, donde se realiza “lo primero que se te ocurre, sin censurarte, para que empiece a fluir”. Solo así se entiende que en una comisaría de policía se vaya a denunciar el secuestro de los niños del pueblo por unos burros, que la remolacha adquiera una carga tan importante en una relación o que tu mejor amiga te empiece robando el cable del portátil y termine quitándote la identidad.

Fuente: Judith Ferreras Expósito / Silvia Bernabé Esteban
Fuente: Judith Ferreras Expósito / Silvia Bernabé Esteban

Podría parecer que todo fue un caos, un autentico sinsentido de teatro donde cada cual exponía lo que mejor le parecía, podría parecerlo, pero no fue así. Se escapa a las técnicas narrativas el poder argumentar como ocurrió lo que ocurrió, solo cabe el disfrutar, el no intentar explicarlo, ya ni siquiera entenderlo, sencilla y llanamente disfrutar y reír. Es lo que sabiamente hizo el público de la BITA 2014, disfrutó y al final, como por arte de magia todo tuvo sentido.

Micro-cuentos, micro-historias que hicieron reír al público asistente, público que desde un principio se sintió partícipe de la obra al exponer esos tres recuerdos que serian el hilo conductor de esta atolondrada historia, que comenzó con la okupación de un inocente árbol y terminó con su tala. De esta forma se da fin a una historia que nos recuerda en ciertos momentos a las locuras de Monty Python, una sucesión de risas que dejó con una gran sensación a los espectadores de esta singular obra.

Fuente: Judith Ferreras Expósito / Silvia Bernabé Esteban
Fuente: Judith Ferreras Expósito / Silvia Bernabé Esteban

1 Comment

  1. Raquel Racionero says: Responder

    Soy una de las improvisadoras que tuvo el placer de actuar en el Auditorio Nacional de Cuenca dentro de la Programación del Festival BITA 2014. Os agradezco mucho el artículo, y al público que asistió su participación y entrega. La verdad es que siempre que he hecho impro en Cuenca el público ha sido muy acogedor, participativo y ocurrente. y gracias al festival BITA por invitarnos, por creer en la improvisación y darle un espacio, y a todas las personas que hacen que este festival siga celebrándose pese a las dificultades.
    Raquel Racionero, improvisadora

Deja un comentario