Para niños y no tan niños; Momi Ogalla y Juan Villén

  

“Juguemos hoy a sentirnos como niñas y niños porque todos tenemos un niño interior” así comenzaba Momi Ogalla con su obra para público familiar en la Iglesia de San Miguel. Y así nos hizo sentir junto a su compañero de escenario Juan Villén. Ambos  forman un tándem andaluz por tierras conquenses tan diferente como especial.

De perros y gatos, de lunas y soles, die tierra, cielo, y animales que se balancean sobre la tela de una araña fueron rondando los cuentos y canciones que el granadino (ukelele en mano) y el gaditano, acercaban a los allí presentes. Consiguieron que el público -bastante distante al principio- se entregara en cada rima haciendo que los minutos pasasen volando. Nos sentimos Majuca, esa mujer africana amiga de la madre tierra, a veces perro y otras gato, y con las intervenciones de los más pequeños endulzando el ambiente, las historias fueron calando.

Decía Ramón Campoamor, poeta español, que todo es según el color del cristal con el que se mira. Desde una fotografía o un libro de Antoine de Saint-Exupéry hasta un cuento para los más pequeños que acaba cobrando vida en los más mayores, como pasó durante este cuentacuentos. “Que no te convenza nadie jamás de que no puedes hacer algo”, concluía Villén tras su historieta sobre un gato que intentaba convencer  un perro bastante “gruñón” de que iba a hacer despegar una nave espacial y el canino le decía que sería imposible. Después de muchos intentos en los que el público coreaba una cuenta atrás para que la nave despegara, sin éxito, ésta ha empezó a sufrir una serie de cambios. La nave, improvisada con un saquito de tila (qué poder tiene la imaginación) primero se fue deshaciendo de etiquetas, luego de cuerdas que le amarraban y por último se quitó la carga que llevaba dentro. Y con una chispa de fuego, voló –literalmente- deshaciéndose entre los aplausos de niños y adultos.

A la salida de la Iglesia de San Miguel todo el público coincidía; no sabían si era por el lugar, por el ambiente tan acogedor, por hacernos sentir como niños durante una hora o por ese atardecer tan bonito desde ese mirador de la ciudad de las casas colgadas, pero fue mágico. “Porque la luna siempre vuelve porque siempre hay un niño que piensa que todas las cosas son posibles y siempre hay un adulto que le acompaña a cantar esa canción”, con estas palabras nos despedían los protagonistas de la tarde.

Texto y fotos de Andrea García para Makinguclm #makinguclm #dpalabra

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