Música dentro (y fuera) de las aulas

“Sin música, la vida sería un error” Friedrich Nietzsche

Fotografía de Judit Ferreras
Fotografía de Judit Ferreras

¿Cómo sería un mundo sin música? Un mundo gris, apagado, donde no tiene cabida la emoción. Así es Metrópolis, la ciudad sin música que nos presentan los alumnos del IES Santiago Grisolía, en un musical dentro del proyecto Música en las Aulas, que se lleva a cabo cada año desde hace cinco. Participan este año 267 alumnos, muchos de ellos estudiantes además de música y danza. Estrenaron la obra en el Teatro Auditorio de Cuenca en dos pases, el 31 de marzo y el 1 de abril.

Es el año 2074, y la reina Medusa Fermata ha prohibido cualquier forma de arte. Los habitantes de Metrópolis al cumplir los 16 se convierten en habitantes grises, todos iguales y cuadriculados, y no pueden hacer nada que se salga de la norma. Salvo un grupo de rebeldes: los soñadores, que visten colores brillantes, cantan y bailan a escondidas. Son los únicos que aún conservan la alegría, la última esperanza de Metrópolis. A escondidas de Medusa y sus esbirros, nos interpretaron algunas conocidas bandas sonoras de películas, como Grease, Annie, Mary Poppins, Ghost, Dirty Dancing y Chicago. Incluso, vestidos como auténticos zombies, se arrancaron a bailar el tema “Thriller” de Michael Jackson cuan videoclip, y algunos temas modernos como “Sorry” de Justin Bieber.

Fotografía de Laura Zamora
Fotografía de Laura Zamora

También pudimos presenciar un impresionante número de las chicas del club de gimnasia rítmica KenQ, que bailaron al ritmo de “Todos quieren ser ya gato jazz”, de Los Aristogatos. Participaron además varios grupos de jóvenes alumnas de distintos niveles de la Escuela Superior de Danza, que tuvieron la oportunidad de actuar conjuntamente y conocerse.

Fotografía de Fran J. Somoza
Fotografía de Fran J. Somoza

Paloma Yébenes, profesora de música del IES Santiago Grisolía, ha sido la organizadora del proyecto y la directora del musical. “El objetivo es premiar a los alumnos que son estudiantes además de música y danza, que en realidad están compaginando dos carreras, porque mientras van al instituto están cursando una carrera profesional y necesitan muchas horas de estudio. Queremos premiar de algún modo ese esfuerzo”. Y lo consiguieron, porque los chicos y chicas lo pasaron en grande, y el hecho de actuar en el Auditorio frente a alumnos de otros colegios e institutos fue una actividad estimulante y motivadora fuera de los rígidos horarios de clases y el entorno cerrado de un aula de instituto.

Fotografía de Sylvia Bernabé
Fotografía de Sylvia Bernabé

La obra guarda además una fuerte crítica social, pues reprocha el desprestigio que están sufriendo las enseñanzas artísticas desde algunos ámbitos educativos, que están fomentando las destrezas más técnicas y dejan de lado el aspecto creativo, que tanto beneficia al desarrollo de la mente. La música, aparte de ser una vía para dar rienda suelta a la creatividad y las pasiones, es una enseñanza bastante técnica que requiere muchas horas de estudio y dedicación, y merece por ello la misma consideración que cualquier otra área del saber. Es algo que está en todas partes, no hay ocio sin música de algún tipo, es el lenguaje universal de los sentimientos humanos y hace que no seamos seres grises, que podamos tocar, cantar y bailar a los cuatro vientos nuestras alegrías y nuestras penas. Porque, como bien dijo Nietzsche, la vida sin música sería un error.

Texto de Cristina Jover Navarro y fotografías de Sylvia Bernabé, Fran J. Somoza, Judit Ferreras y Laura Zamora.

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