“¡No se cansen, no se agobien, no se atrasen, ni claudiquen!”

En una vitrina del Reina Sofía yace una Cajita de fósforos encerrada en una rutinaria vitrina que ha resucitado el espíritu anarquista que cultivaron nuestros antepasados. Transporta la famosa cita “la Iglesia que ilumina es la que arde” con un “contribuye” añadido y asoma un puñado de cerillas. Como consecuencia, las alarmas de muchos colectivos cristianos saltan y piden censurar la obra, apoyándose en que se incita a la quema de Iglesias.

 

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 La obra Cajita de Fósforos en el Reina Sofía / Fuente: El Confidencial

 

En paralelo con un “¿qué boludeces?”, Magdalena Pagano miembro del grupo artista, feminista, activista, argentino y autor de esta obra Mujeres Públicas, se encuentra con un pretexto para dejarse caer en Cuenca el pasado fin de semana en la facultad de Bellas Artes de la UCLM. El objetivo: abrir esa caja de cerillas para mostrarnos qué mensaje lleva encerrado y cuál es la llama que realmente quiere encender; porque como precisamente afirma la artista, “yo no hice este recorrido para llegar al Reina Sofía”.

Y es que el recorrido de Mujeres Públicas se guía por un mapa hecho a gusto propio. “Nosotras imaginamos que éramos antropólogas, como que toda nuestra civilización terminó”, nos cuenta Magdalena, “quitamos zonas del mapa de Buenos Aires, creamos agujeros y nos quedamos con lo que nos interesaba”. Mediante un Ensayo de mapa Topográfico, el colectivo crea un “paseo discontinuo” en el que sólo se pisan aquellos lugares donde, feministas o no, conscientes o no, las mujeres interfirieron de alguna manera en el imaginario colectivo de la sociedad para cambiar la situación de desigualdad; o como dice Magdalena, se trata de “re editar momentos cargados de significado político”.

“¡No se cansen, no se agobien, no se atrasen, ni claudiquen!” Magdalena daba el alto al fuego en las calles de Buenos Aires para hacer una realidad de ese recorrido “de lo que no era un mapa definitivo, porque no hay mapa definitivo”. Como lo define la activista, “el feminismo es una práctica transformadora”. Pequeñas pisadas, lentas, discretas, pero marcadas en yeso.

 

 

Durante la charla en la UCLM, Magdalena recalcaba la sutileza y el ingenio de Las Chicas Amazonas en la Villa del Bajo Flores, una manzana muy precaria de Buenos Aires. Es una de las paradas que no aparece en el vídeo. Las vecinas se cubrían las espaldas ante los abusos y violencia de sus maridos. Un aspaviento de maltrato y las paredes de las casas contiguas procedían a sonar en cadena.

Todas, reunidas, se enfrentaban a la puerta de la casa donde se estaba dando la situación en cuestión y, sencillamente, ofrecían mate. La clave se alberga en que en Argentina es tradición no poder rechazarlo. “Lo que más me gusta del feminismo con respecto a otros colectivos es que es una relación de dos, una lo sabe, se lo cuenta a otra y la transforma…la fuerza de la una depende de la fuerza de la otra”, declara Magdalena.

Otra parada que fue inevitable mencionar es la de Las Madres de Plaza de Mayo, “utilizaron su imagen de amas de casa para que no las descubrieran” declaraba Magdalena. En la década de los 70 en Argentina, el régimen político establecido, daba lugar a la desaparición de los hijos de madres inocentes. Luchando contra la censura, ellas trabajaron por denunciar la injusticia, incluso algunas terminaron en paradero desconocido. Cuarenta y cuatro años después, continúan acudiendo a la Plaza de Mayo; con su acento argentino, Magdalena recalca , “toooodas las tardes rodean la Pirámide de la Plaza.

 

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Magdalena Pagano en la Facultad de Bellas Artes en Cuenca / Fuente: Carlos Quesada Casas

 

Hemos pulsado el play en la mitad de la cinta. Si rebobinamos hasta el principio del sendero, Mujeres Públicas han trabajado interviniendo en la calle una y otra vez. Cárteles publicitarios con mujeres ´estereotipadamente` atractivas acompañados de mensajes directos, “está belleza miente, oprime, enferma”. Dianas que recogen citas machistas de personajes históricos esperando a ser atacadas con un dardo. Afiches que denuncian la clandestinidad del aborto, donde la misma aguja que sirve para hacer escarpines, es la herramienta para provocar un aborto… Una amplia obra de denuncia social.

Tomando la última cerveza antes de su marcha, Magdalena nos recuerda que “el feminismo aspira a no existir”. En un escenario que la razón no logra comprender por qué se ha construido, unos focos iluminan desmesuradamente un discurso construido entre unas ´bigotudas, feminazis, bolleras, corta penes` y la Iglesia católica. El Reina Sofía se asoma abogando por la libertad de expresión. Y, a todo esto, en este totus revolutum de ideas dispersas unas ´presuntas pirómanas` sueltas por Argentina intentan recolocar esos focos para, exclusivamente, abogar por la mujer.

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