“Mentes policiales: Cómo cazar a un asesino en serie”

 

El pasado viernes Las Casas Ahorcadas traían a otro invitado especial. Rafael Melero, mosso d’escuadra y escritor de novela negra. El 6º Encuentro de Novela Criminal está llevando a escritores que acercan su propio trabajo a la ficción de sus libros. Esta vez se trata de ‘Mentes policiales: Cómo cazar a un asesino en serie’.

Melero acumula ya cuatro novelas: La penitencia del alfil, La ira del Fénix, Ful y El secreto está en Sasha. Ahora es jefe de comisaría en Pons, en Cataluña. Confiesa que ha visto durante su carrera policiaca, algo más de 11 años, más de 100 cadáveres. Ha tratado con varios psicópatas, dos de ellos sexuales; nos dice que uno de ellos jugó un poco con la policía, con notas y cosas por el estilo, más propio de películas.

Sergio Vera una vez más modera el encuentro, se sientan juntos y empieza la charla. Lo primero, un chiste: Dos hermanas que viven con su madre, hasta que un día la madre muere, en el entierro aparece un hombre guapo y hay un flechazo tremendo con una de las dos. Dos semanas después la hermana mata a la otra. ¿Por qué?

Continúa con las claves de una investigación. Nos cuenta que se investiga en equipo, que “no hay una pareja, son grupos de seis u ochos personas que llevan la investigación, y uno la coordinación”. Además, en casos sobre psicópatas este grupo se queda pequeño, y toda el área se pone con el mismo caso.

Pero no es fácil ser policía: “El sistema es muy garantista, por un pequeño fallo podemos perder la investigación”. Hay absorción total cuando hay crímenes, no hay horarios. Según Melero: “Hay autores que lo expresan bien y otros que no. A mí me parece que Lorenzo Silva lo hace bien, es alguien que no siendo policía escribe como un policía”.

Hasta ahí la charla ha sido amistosa, casi entre risas, siempre con el ánimo encendido de Sergio Vera. Hasta que empieza a relatarnos cómo empezó en ese trabajo. Cuando tuvo que trabajar en el que fue su primer caso, ‘el monstruo’. Gilberto Chamba, condenado en su país por matar a ocho personas. Primero mataba prostitutas, luego pasó niñas más jóvenes. Rafa Melero lo relata de esta manera: “Lo condenaron en su país a 14 años, acabo con siete años, al final salió de su país. En ecuador si sales libre al final se borra tu expediente. Se vino a España, y empezó a trabajar en el parking de un cine. Con el tiempo empezó a observar a una chica, y al final le estropeó el coche, cuando la chica fue a arrancar el fue y quiso llevarla, pero iba con otra chica, algo raro notó, él se dio cuenta y no hizo nada. Finalmente, un día encontró a una chica de 19 años, en el parking, y la atacó, mientras la mataba la violó. Fue mi primer caso, se analizaron las bolsas de basura industriales, hay algunas que solo se pueden comprar en esos cines, eso fue lo que lo delató. A este tipo se le detuvo a punto de coger un vuelo. Lo peor fue cuando llegó un periodista de Ecuador y nos contó todo el historial de este sujeto, que esta chica era su novena víctima”.

Acaba la historia y el salón de actos se queda mudo. Vera sabe siempre cómo romper el hielo, así que pregunta, “¿Cómo acaba el chiste, por qué la hermana mata a la otra?”. Melero le responde rápidamente, con una sonrisa, “quería ver otra vez en el entierro al hombre guapo”.

Texto de Juan Jesús Rubio Parra. Fotografía de Sergio Rubio para #makinguclm

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