Margarita Pardo: “He sido profesora de Trabajo Social, la profesión que siempre he ejercido”

Por José An. Montero

Conversamos sobre la importancia del Trabajo Social en la crisis actual con Margarita Pardo Alfaro, profesora de la Facultad de Trabajo Social recién jubilada y pionera en la creación de los servicios sociales rurales en su etapa como trabajadora social y que también fue directora general de Acción Social en Castilla-La Mancha.

En una sociedad con mucha tendencia a sangrar por sus puntos más débiles, los trabajadores y trabajadoras sociales son “las plaquetas” que tiene la sociedad para evitar desangrarse, denigrarse, deshumanizarse. Considero que son profesionales esenciales, por ejemplo durante esta pandemia, han tratado de orientar y ser la correa de transmisión entre las políticas sociales y los ciudadanos en situación de vulnerabilidad. Con la democracia dejaron atrás la denominación de asistentes sociales y el concepto de caridad para convertirse en garantes de la justicia social. 

Margarita Pardo es una de las figuras de referencia de la profesión en los últimos cuarenta años. Una profesión ejercida intensamente desde la España vaciada, desde lo rural, desde la Universidad de Castilla-La Mancha y desde las instituciones públicas, ha sido fundamental para la transformación de una profesión sin la cual la democracia sería mucho más frágil. Tras treinta años de docencia universitaria, echamos la vista atrás para ver cómo ha cambiado la profesión y para mirar al futuro sobre los retos que esta crisis sanitaria y económica nos plantea como sociedad. 

¿Y cómo descubriste una profesión tan desconocida entonces como el trabajo social?

Me parece que tenía 16 años cuando conocí a una trabajadora social que me contaba cosas sobre su trabajo que me dejaban con la boca abierta. Era una mujer que conocí en Cuenca cuando yo estudiaba Bachillerato y trabajaba en zonas rurales en trabajo social comunitario. Inmediatamente supe que era eso lo que quería hacer. Me enamoré de esa faceta del Trabajo Social desde el minuto uno. Después estudié en Zaragoza que era una gran ciudad que tenía masa crítica. En esa época no podías encontrar muchas trabajadoras sociales, porque mayoritariamente eran mujeres. En Cuenca en esa época habría una o dos, alguna trabajadora en la diputación provincial o en los servicios periféricos, como el IMSERSO, pero había muy pocas «asistentes sociales» que se llamaban entonces. Con la llegada de la democracia, todo se amplificó y se abrieron nuevos espacios profesionales en los que pudimos desempeñar nuestra labor de apoyo y ayuda para generar autoconfianza para salir de situaciones complicadas en las que las personas no quieren vivir.

¿Cómo llegaste a la entonces recién creada Escuela de Trabajo Social?

Luis Arroyo, entonces el Rector de la Universidad, tenía que poner en marcha una titulación más en Cuenca y pensaron que Trabajo Social era una opción posible y económica para que los de Cuenca se conformen, además no estaba en ningún otro campus y parecía que era una carrera con futuro y barata de poner en marcha. Para su puesta en marcha inmediata, buscaron entre las universidades españolas un plan de estudios aprobado por el Consejo de Universidades que no tuviera ninguna asignatura de Trabajo Social ni de Servicios Sociales en primero para ponerla en marcha inmediatamente. Eligieron el de Salamanca. Así pudo comenzar inmediatamente con los profesores que había en Cuenca salvando los manteles. A mi me contrataron en mayo para montar un montón de asignaturas de Trabajo Social, de Servicios Sociales y las prácticas que había en segundo.

Muchas de las trabajadoras y trabajadores sociales de Castilla-La Mancha han pasado por tus clases, ¿ha sido como sembrar de «Margaritas» la región?

No te sabría decir porcentaje, pero sí que es cierto que muchísimos y muchísimas trabajadoras sociales de la región han estudiado en Cuenca. Nos conocemos, nos apreciamos y nos alegramos de vernos cuando coincidimos. ¿Lo de sembrar Margaritas? No lo he vivido así. A mí el Trabajo Social me gusta, no soy profesora de cualquier cosa, soy profesora de Trabajo Social, que es lo que yo ejercía y lo que yo quise estudiar durante toda mi vida. Lo que he sentido en el ejercicio profesional, como docente es mucha responsabilidad, por eso mismo, no he perdido ni un solo día la ilusión. Yo he subido al aula, y he subido al cien por cien. Y si algo no sabía, pues lo investigaba, o lo investigábamos, porque hemos sido un equipo durante estos años con la que compartir, investigar o traer a gente que sabe más. Hay que estar muy al día, ponerte alicientes, estar muy en contacto con la realidad para acercarla y para ilusionar por la profesión.

Este curso se ha cumplido el 30 aniversario de la entonces Escuela, y hoy Facultad de Trabajo Social, ¿no costó mucho demasiado tiempo tener un decano trabajador social?

Es lo que ocurre en todo. Naces, y hasta que no eres adolescente no te dejan hacer tus primeros pinitos… Que el Trabajo Social sea una profesión joven ha tenido también ese hándicap. Además era una profesión mayoritariamente femenina. ¿Qué papel ocupa lo femenino en la sociedad? Las mujeres siguen ocupando un papel inferior, porque vivimos en una sociedad patriarcal. En la universidad igual, apunta maneras, pero sigue teniendo sus lastres que tienen que ver con la mentalidad patriarcal de tutelar a las mujeres, nos dediquemos a lo que nos dediquemos, sea a limpiar, como conserjes, como profesoras o alumnas. Esto es un peso pesado y muy lento de mover, por lo que también ha requerido lógicamente tiempo de madurez y de opinión y de empoderamiento. Cuando tú te unes tienes más poder, pero unirse no es fácil. Hay que crear equipo, hay que trabajar mucho para que se confíe, se dan dos pasos adelante y tres para atrás.

¿Cómo se ha transformado la Facultad en este tiempo?

En el caso de la Facultad de Trabajo Social ha sido necesario todo ese tiempo de seguimiento, de creérselo, de crear ese equipo y de apoyarse unos en los otros. Si algo bueno tiene esta Facultad de Trabajo Social en Cuenca, es que hay un equipo. Con todas las dificultades, pero hay un equipo. Y por eso, ahora mismo, porque hay un equipo, hay al frente de la Facultad trabajadores y trabajadoras sociales que son docentes. Tengo sesenta años y he tardado 60 años en tenerlos, y ahora mismo no renuncio a ninguno de ellos. Es decir, no sé si hemos llegado pronto o hemos llegado tarde, pero ahí estamos. Pero he de decir que a pesar de no haber llevado el timón del centro hasta hace poco tiempo, los trabajadores sociales siempre hemos estado en los equipos directivos y se nos ha respetado. En ese sentido no puedo decir menos.

Tus comienzos fueron en el medio rural…

Empecé en el medio rural en Aragón y luego, cuando empezó a moverse aquí los Servicios Sociales, me vine a Castilla- La Mancha. Hay muchas diferencias importantes en cuanto a las prestaciones que había hace 40 años, pero los equipos siguen siendo insuficientes. Un medio rural activo, vivo y cuidado, supone un beneficio impresionante para el medio rural. La inversión en recursos previene muchas cosas y genera capital social. En el medio rural todavía no se han asegurado los Servicios Sociales, van siempre detrás de los Servicios de Salud o los Servicios Educativos. Encima siempre son a los primeros que se les araña cuando hay déficit y hay que recortar.

Nos puedes decir algo de la nueva etapa que ahora comienzas.

Soy una persona de vocación y convicción. Me da igual dónde esté, yo voy a seguir siendo una persona con compromiso donde se me pida, se me llame o donde yo vea que puedo colaborar. Me da igual estar en activo en la Universidad, o no. A mí no me tiene que dar permiso nadie para hacer lo que yo quiero hacer.

Con la Transición se sustituye el concepto de caridad por los servicios sociales públicos, ¿qué papel jugó el Trabajo Social esta transformación?

El trabajo social se ha podido desarrollar más a partir de la democracia, con el desarrollo de la Constitución, con el estado democrático y de derecho, se ha ido auspiciando y amparando la creación de los servicios sociales de carácter público. Servicios que pretendían ser y garantistas, es decir, como derecho ciudadano. A partir de ahí se abre el portón inmenso a que la Administración Pública ponga en marcha todo lo necesario para garantizar a los ciudadanos de nuestro país unos servicios sociales de calidad, unos servicios sociales garantistas, no caritativos, sino por derecho, ahí es donde se ha desarrollado el Trabajo Social, en ese caldo de cultivo. Antes de la Constitución, ¿Qué servicios sociales públicos había? casi ninguno. Era todo privado y por parte del estado ayudas asistenciales y benéficas, con fondos limitados, en donde la figura del trabajador social era casi testimonial.

¿Una profesión vital para garantizar los derechos humanos?

El trabajador social es un profesional que ejercita una disciplina relativamente joven y que está basada en la relación de ayuda, pero no en una ayuda voluntaria, altruista o caritativa, sino una ayuda profesional basada en derechos sociales, que se ha ido desarrollando a través el desarrollo del Estado de Bienestar, de los Servicios públicos, de los servicios sociales que se han ido consolidadndo a lo largo de estos 50 años en España. El Trabajo Social es una profesión joven que ha sabido adaptarse a las necesidades sociopolíticas que se han ido produciendo, convirtiéndose en el conductor y el observador del cumplimiento de los derechos humanos en los entornos donde se desempeña su profesión. Sea éste la salud, la educación, los servicios sociales de atención primaria o aquellos ámbitos que tienen que ver con la cooperación al desarrollo. Allí donde un trabajador/a social desarrolle su labor hay una constante de observación de los derechos humanos en el cumplimiento cotidiano, en el mejor sentido y en el mejor hacer de su labor. 

¿En los últimos años ha crecido la especialización y han aparecido nuevos profesionales?

Han pasado los años suficientes y hay muchas otras profesiones que se han ido desarrollando, buscando perfiles, buscando abarcar otras áreas, otras perspectivas de la intervención social o de las necesidades sociales o de las propias aspiraciones e inquietudes del estado, para llegar más y mejor y especializar también los ámbitos de intervención en algunos sectores. Tenemos grados medios y superiores (integración social, animación…) que también prestan su actividad profesional en el sistema de Servicios Sociales, los educadores sociales, también la psicología social, el derecho, el derecho laboral, y también postgrados y especializaciones, en ONG’s, en ayuda y cooperación al desarrollo, con entidades que trabajan con inmigrantes para defender sus derechos y garantizar el trato y reclamar derechos humanos que rayan la vulnerabilidad más absoluta en los estados desarrollados. Tenemos una concurrencia magnífica y todos formados para hacer esa piña interdisciplinar y trabajar mejor, con más eficiencia, con una respuesta más inmediata al menos desde el ámbito profesional. Otra cosa es si hay o no recursos económicos que inviertan en equipos más completos, pero el potencial, el recurso humano está preparado para esta circunstancias.

No debe ser fácil enfrentarse cada día a la realidad

Cuando se tiene predisposición y compromiso, es un trabajo muy difícil, efectivamente. Tienes que ser una persona madura y seguir evolucionando permanentemente. Tú nivel de consciencia personal tiene que estar permanentemente evolucionando, porque si no te quemas. En muchas situaciones laborales se te plantean injusticias y dilemas, que pueden dejarte fuera de combate. Por eso también hay muchas personas que se han tenido que proteger y realizar un ejercicio más tecnócrata y menos implicado en el cuerpo a cuerpo. Pasa como en todas las profesiones. Es cierto que estar ahí, requiere una cabeza bien amueblada, muy bien preparada y un nivel de consciencia, una evolución personal muy firme y muy comprometida consigo mismo. 

En la situación actual, ¿no da la sensación de que se lucha contra gigantes imposibles de vencer?

A veces nos quemamos porque nos creemos imprescindibles y cuando nos damos cuenta de que no damos abasto, que no somos nada, que somos unos piltrafillas, pues nos decepcionamos y nos quemamos. Ese es el compromiso. Es decir, tú no eres nada, eres simplemente un eslabón en una cadena de apoyo, de ayuda: uno más. Y cuando tú no crees que vas a salvar el mundo, es cuando realmente, a lo mejor, se da la posibilidad de que lo salves. Es una cuestión de ego, fundamentalmente de ego, y de madurez. Por eso digo que es imprescindible evolucionar a nivel de consciencia personal. Si no evolucionas, te quemas. A lo largo de tu aprendizaje, en la práctica profesional, donde te ha ido tocando, tú también tienes que ir madurando como ser humano y darte cuenta de que no vas a salvar el mundo. Solo vas a ser la mano que coge y la mano que tiende, porque alguien te salva a ti también cada día, y a lo mejor es la persona que viene a pedir ayuda. Curiosamente, quien te viene a pedir ayuda, que se supone que está tirado, amargado, que no tiene recursos a veces es el que te salva, ese es el que te salva, el que da sentido a tu vida. Porque ahí es donde ves que todo lo que sabes puede ayudar a esa persona que te ha pedido ayuda. Pero no eres nada, porque están las leyes, las devoluciones en caliente, está el trato que damos inhumano en las fronteras, y todo lo que se nos escapa, se nos escapa.

¿Cuál es la situación de los Servicios Sociales en el medio rural?

Aunque los grandes medios reflejen fundamentalmente la realidad de las grandes ciudades, España es un país con mucho espacio rural. Desde que en el año 1985 se iniciaron los primeros Servicios Sociales de base en el medio rural ha habido una inversión importante de los gobiernos regionales para mantener la atención en los entornos rurales, pero claro los Servicios Sociales tampoco son suficientes para fijar la población en el medio rural. Sí que contribuyen a fijar la población, a mantenerla, pero no son suficientes. De hecho, hemos tenido ocasión de comprobar que contribuye a fijar población, porque en la etapa del Gobierno de Cospedal en Castilla-La Mancha, que aniquiló un 50% de los Servicios Sociales en el medio rural y desaparecieron muchísimos mayores y muchísimas familias que vivían y trabajaban, y eran atendidas en el medio rural. Es decir, personas mayores que tenían su ayuda a domicilio, comidas a domicilio y que podían vivir en su casa, porque mantenían su nivel de autonomía. Desapareció la ayuda a domicilio, desapareció el servicio de comedor a domicilio, la lavandería a domicilio y los abuelos se tuvieron que ir a una residencia a la cabecera de comarca o de capital: éxodo. Y las personas que trabajaban también tuvieron que salir de ahí. En Castilla-La Mancha se han recuperado con respecto a la etapa Cospedal, pero no están donde debieran, tendría que invertirse mucho más. 

¿Cómo influyen los Servicios Sociales para evitar la despoblación del mundo rural?

Los Servicios Sociales son un aspecto necesario para la sostenibilidad de los territorios. Hemos tenido posibilidad de comprobar empíricamente que los Servicios Sociales sujetan población al territorio, pero no es suficiente. Tiene que haber políticas activas muy bien diseñadas para que el medio rural mejore y ofrezca oportunidades a jóvenes que no quieren vivir en las capitales. No digo Cuenca, porque Cuenca también es una ciudad pequeñita, casi como un pueblito grande. Pero tenemos Madrid y Valencia absorben mucho capital humano de nuestra región y eso sin contar la emigración a otros países europeos. Fijar población requiere unas políticas muy compactas desde el punto de vista agrícola, ganadero, medioambiental y productivo, medios de comunicación, acceso a Internet,  la Agenda 2030.

Esta entrevista de José An. Montero y Silvia Trujillo para CuencaOn se publicó en distintas versiones en Las Noticias de Cuenca, La Circular, CuencaOn, Nueva Tribuna y fue compartida en la portada del Diario Público.

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