Las hermanas Rivas y el dilema del poliamor

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¿Es posible mantener una relación con más de una persona? ¿Tres son multitud? En la sociedad occidental la monogamia se considera como lo normal, lo deseable. Social, ética y religiosamente, nos educan desde siempre para buscar de forma restrictiva un/a solo/a compañero/a de vida. Pero, ¿qué ocurre si una persona se enamora de otras dos a la vez? ¿Surgirán los celos inevitablemente? ¿Y si además conviven los tres bajo el mismo techo? ¿Y si ambas amantes son hermanas?

Este es el triángulo amoroso que plantean Adriana Roffi y Mariano Rochman en Las hermanas Rivas, una obra de teatro basada en el relato La Intrusa de Jorge Luís Borges, que pudimos disfrutar el jueves en el Teatro Auditorio de Cuenca.

Dolores y Angustias Rivas son dos hermanas huérfanas que viven solas en una casa de pueblo. Están muy unidas, lo comparten todo y se lo cuentan todo. Hasta que Dolores conoce a un hombre: “El Potro Estrella”, un boxeador argentino con el que empieza una relación. Sin el permiso de Angustias, de carácter más recatado que su hermana, se lo lleva a vivir a su casa. Angustias empieza a sentirse atraída por El Potro, llevándola a sentir celos cada vez que los ve juntos. Una vez es correspondida por él, Dolores se da cuenta de la situación. Lejos de aparecer los celos o la rabia, lo acepta y accede a compartir el mismo hombre con su hermana. Los tres se ponen de acuerdo, dando lugar a una suerte de relación poliamorosa.

Pero lo que al principio parece ser una situación idílica termina convirtiéndose en algo insoportable por la pasión y los celos. Entrar por la puerta de casa y ver a tu hermana montándoselo con tu pareja como algo rutinario no es precisamente la visión más agradable del mundo, por mucho acuerdo que haya. Esto pone en tensión la buena relación que ha habido siempre entre las hermanas, y llegan a una deducible conclusión: El Potro deberá elegir a una de las dos. La historia tiene un agridulce final, que da a entender que esta clase de relaciones no pueden darse de forma apacible y feliz, pues los sentimientos más primarios se acaban imponiendo (al menos, en este caso).

La historia original de Jorge Luís Borges plantea la misma situación, pero con los géneros cambiados. Dos hermanos y una misma mujer. Se introduce entonces un espinoso factor: el sexismo. ¿Tiene la misma consideración socialmente un hombre que mantiene una relación consensuada con dos mujeres que la mujer que lo hace con dos hombres?. La intrusa, escrito en tono crítico, retrata a la mujer, Juliana, como una sirvienta, un objeto del que los hermanos se deshacen en un primer momento nada más y nada menos que vendiéndola a un prostíbulo. Y el punto de la discordia no se encuentra tanto en las pasiones y en los celos como en el tono jocoso con que los vecinos del pueblo de Tudera se refieren al hecho de que ella parezca mostrar preferencia por uno de los hermanos. Es decir, el sentimiento de humillación que le provoca a uno de ellos “no ser el único hombre de su casa” y que todo el mundo lo sepa. En Las hermanas Rivas no está presente el factor de la opinión externa, pero la figura masculina se presenta como un alegórico boxeador triunfante que es cuidado y mimado por las dos mujeres. El final es esencialmente el mismo en los dos casos, pero los matices marcan una clara diferencia sobre la consideración y las construcciones sociales en torno a la poliginia y la poliandria.

Ambas obras, como es habitual, no son sino el reflejo de los estereotipos sociales llevados al extremo. Pero ponen de manifiesto que, sea posible o no una feliz historia de poliamor (en este caso, una relación de tres) hoy por hoy sigue siendo un terreno rodeado de prejuicios, habladurías y sexismo.

¿Qué ocurre si una persona se enamora de otras dos a la vez? ¿Surgirán los celos inevitablemente? ¿Y si además conviven…

Posted by Makingdos lab on Martes, 8 de marzo de 2016

Texto de Cristina Jover Navarro y fotografías de Fran García.

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