Inmarcesible. El primer beso de Félix Albo

¿Quién dijo que el amor o la palabra oral no podían ser eternos?

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Lástima. Eso es lo que sientes.

Pongámonos en situación: D’Palabra Festival. El salón de actos de la biblioteca Aguirre abarrotado por una horda de adolescentes. Como caído del cielo, regalo de una generosa deidad innominada, les ha sido concedido este breve permiso temporal para abandonar aquella prisión llamada eufemísticamente instituto y piensan exprimirlo al máximo.  Contrabando de chuches, servicio de peluquería exprés para hacerle una trenza a la amiga de al lado, bien fundamentados análisis futbolísticos a voces con el de dos filas más allá… Esta e-generación innatamente diseñada para manejar los más complejos artefactos electrónicos parece, por el contrario, tener dificultades a la hora de entender cómo adecuar su cuerpo a la complicada geometría de la butaca. Completan el reparto un grupo de inquietos profesores con la derrota de quien se sabe impotente ante tan arrolladora fuerza de la naturaleza pintada en la cara. Rezan porque al menos el grupo a su cargo no sea el que más dé la nota. ¿Quién les mandaba a ellos meterse a profesional de alto riesgo?

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Pero para profesional de alto riesgo el señor que, dadas las circunstancias, decide subirse al escenario sin más arma ni acompañamiento que su voz; aunque muy bien peinado, eso sí. Entre el barullo que no da indicios de pretender atenuarse, aciertas a oír que se llama Félix Albo y que es cuentacuentos. Ahí es donde bajas la mirada al suelo presa de una misericordiosa vergüenza ajena y, puestos a engalanar nuestra alma de tan elevados sentimientos cristianos, le dedicas una silenciosa oración fúnebre: que te sea leve.

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Pero… apenas un par de minutos después, todo esto ha desaparecido de tu mente. Eres incapaz de prestar atención a algo que no sea la trama que este mago va dibujando en el aire con sus palabras, aderezada de humor y risas. Alguna técnica secreta de hipnosis ha debido de utilizar, ya que lo mismo le ocurre a esa jauría de hormonas revueltas que afilaba los dientes para devorarlo y ha quedado reducida a un rebaño de mansos cachorritos que lo miran embobados. A tanto asciende su control mental que logra arrancarle un unísono y bien acompasado ‘ohhhh’ al público como broche final a la narración de un primer beso que duró mucho más de lo que él tardó en contárnoslo, porque ese beso, hoy, aún está durando. Dura en la memoria de todos aquellos que aquella mañana, regalo de una generosa deidad innominada, escuchamos su historia.

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Texto de Julia de la Fuente y fotografía de Yaritza Marmota para #Makingdos.

Puedes ver más sobre el Festival DPalabra 2015 en makingdos.tumblr.com/tagged/020150

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