Filarmonía, champán y bombones

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El Concierto de Año Nuevo es una de las muchas tradiciones que van ligadas al paso de un año a otro, a modo de bienvenida al año que llega. Cada 1 de enero desde hace más de 70 años la Orquesta Filarmónica de Viena, una de las mejores del mundo, interpreta el Concierto con mayúsculas en la Sala Dorada de la Musikverein, televisado y retransmitido a nivel internacional desde 1959.

Se trata de una cita ineludible para los amantes de la música clásica, ya sea sintonizando TVE o, preferiblemente, viajando in situ a Viena. Sin embargo, dado que la capital austríaca nos pilla a los conquenses un poco lejos, la Orquesta Filarmonía, que se encuentra de gira por toda Europa, vino el pasado día 3 desde Madrid para traernos un trocito de Viena al Teatro Auditorio y poder disfrutar en directo del tradicional concierto. Bajo la batuta de Pascual Osa, la magistral voz de la soprano Teresa Castal y con el acompañamiento del Ballet de Cámara de Madrid, se interpretó una extensa colección de polkas y vals de la Familia Strauss. Son piezas alegres y ligeras, provenientes la mayoría del folclore musical austríaco. Los coloridos y relucientes trajes del Ballet de Cámara creaban también una bella composición visual, que evocaba remotamente el lujo y refinamiento de la Sala Dorada de Viena.

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El concierto contó con dos partes, varios cambios de vestuario de los bailarines y algunos chascarrillos de Pascual Osa, que a falta de programa en papel iba presentando cada una de las piezas y contando alguna anécdota, dándole al concierto un aire distendido y simpático.

El público tuvo un papel muy activo en el concierto. Durante la primera parte dos de los asistentes, David y Jesús, fueron llamados al escenario para acompañar una de las polkas, utilizando dos molinillos. Durante la segunda parte otro afortunado pudo llevar la batuta durante algunos compases del Vals del Emperador. Al tiempo que tocaban la Polka Champán los músicos brindaron por los presentes. La nota dulce la tuvo el vals Bombones de Viena, durante el cual toda la orquesta y los bailarines lanzaron bombones al público.

Como manda la tradición, el broche final de la velada fue el archiconocido vals del Danubio Azul, seguido por las clásicas “propinas” fuera del programa.

Texto Cristina Jover y fotografía de Fran García

Puedes ver más fotos en http://makingdos.tumblr.com/tagged/020204 y en este álbum de Facebook.

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