El feminicidio de Otelo desde una casa de muñecos

Un escenario con luz tenue, una cama y 3 cabezas de maniquíes. Se apaga la luz y se oye un traqueteo de tacones. El BITA 2014 acaba de comenzar.  Los actores aparecen, ya en acción, absortos mirando una pantalla que anuncia: “cada vez más y más televisores se encienden a la misma hora para disfrutar del suceso televisivo: el Moro de Venecia”.

Al ritmo de un Vals, un Otelo y una Desdémona de marioneta bailan en manos de sus criados Yago y Emilia, encarnados por Jaime de Lorca y Teresita Lacobelli de la compañía chilena ´El Viaje Inmóvil. Como un juego de niños,  pronto los actores hacen que los maniquíes cobren vida moviéndolos como si se tratase de una prolongación de su cuerpo, o como definía Lacobelli “un alter-ego”.

IMG_1870 (2)               Fuente: Samuel Almansa Serra

Sobrepasando las barreras de la compenetración,  los dos actores  llegan a interpretar el mismo personaje a la vez –uno haciendo la voz y otro moviendo el cuerpo- Con una sonrisa en la boca, los  actores constatan “Shakespeare nos lo puso muy fácil, nosotros únicamente realizamos un trabajo de disociación”.

Y camuflado bajo un aparente aire de inocencia, los actores comienzan a hablar de amor, odio, envidia y rencor. Juegan con un lenguaje que nada tiene de infantil, pero sí de universal y transversal. Cuatrocientos años atrás, Shakespeare ya hablaba de psicología cuando no se había estudiado todavía sobre ella y  a día de hoy,  las universidades aún estudian el conocido ´Síndrome de Otelo`. Shakespeare inmortal, hablaba hace cuatrocientos años de algo atemporal, de los fantasmas de la naturaleza humana.

Otelo se presenta para ´El Viaje Inmóvil` como la horma de un zapato para denunciar una realidad social: el machismo y destensar el tabú del sexo y la violencia. Desdémona yace tumbada en la cama cuando Otelo ya piensa que le ha sido infiel, y con una voz sumamente dulce ruega “Dios dame fuerzas como para soportar los maltratos de mi marido”; sumisa, Desdémona justifica todos los actos de Otelo. En otra ocasión Emilia, su sirvienta, declara “ellos son el estómago y nosotras el alimento; nos mastican, nos digieren y nos cagan”.

Lorca afirma que en Chile tienen, al menos, una violación al día. Según el actor los medios de comunicación intentan ´normalizar` estas situaciones justificándolo como actos pasionales. El moro de Venecia, es una historia cuanto menos ficticia. Entre broma y broma –lo que me recuerda al GOOOOL español  y la desviación de atención de otros temas no menos importantes- y a través de una representación material; los actores consiguen que el público pueda disfrutar de una fuerte y dura crítica a la herencia del pasado, como es el machismo, que ha quedado marcada con hierro candente en la sociedad. “El público puede disfrutar del estrangulamiento sin culpa”, declaraba Lorca para el ´BBC Mundo`.

IMG_1888                            Fuente: Samuel Almansa Serra

Como bien sintetiza el actor, “en las obras de Shakespeare el bueno es el menos malo”. El maquiavélico Yago, la sumisión de Desdémona o el pasotismo de Emilia también plasman una realidad, en la que nos dejamos comer por las convenciones sociales (Yago), no plantamos cara a ciertas problemáticas (Desdémona) y nos hacemos cómplices por no denunciar (Emilia). “Todos somos Emilia”, comparte Lacobelli. Lorca recuerda que hemos de tener presentes el contexto social en el que vivimos y que Desdémona se encontraba en Chipre rodeada de un ejército de militares, con su sirvienta Emilia y prostitutas.

Una adaptación de la obra de Shakespeare de una hora y media, en la que la ilusión con la que los actores interpretan hace recorrer un cosquilleo por cada una de las butacas, “estúpido es vivir cuando la vida es sufrimiento” dice en el comienzo de la obra Emilia. Sencillez, entretenimiento mezclado con una buena dosis de reflexión. Como afirma Einstein: “es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio”.

Al final de la obra el televisor del principio vuelve a sonar y la luz se funde poco a poco: “ahora, a ustedes pueblo, les toca juzgar”  dice el locutor. Juzguemos y sobre todo juzguémonos, que quizá nosotros seamos los maniquíes y un Yago y una Emilia trajeados nos manejen de un lado para otro según sus intereses.

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