Estival 2016 a modo de resumen y agradecimiento

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Acabamos de dejar atrás la edición 2016 de Estival Cuenca. El invento va generando poso y tradición. Ya dejó de ser una flor de un día para convertirse en flor que nos visita al comienzo del verano conquense y que añade música a los mejores paisajes de la ciudad. Y no hay mejor manera de conmemorar el XX Aniversario de la Declaración de Cuenca como Ciudad Patrimonio de la Humanidad que celebrarlo con ella, en sus paisajes, en su entorno y obligar a todos y cada uno de los músicos que pisan los escenarios de Estival a decir eso tan tópico del “marco incomparable” mientras respiran hondo y se concentran para estar a la altura del lugar.

Ese ha sido uno de los grandes logros de Estival, hacernos redescubrir la Ciudad de Cuenca. Disfrutar de un concierto en el patio de entrada del Parador Nacional con las Casas Colgadas y la hoz del Huécar de fondo o el Museo de Paleontología de Castilla-La Mancha con los desconcertantes rascacielos de San Martín de fondo. Sólo por eso ya merecería Estival entrar en las crónicas de la ciudad.

En Cuenca nos adelantamos a los grandes festivales temáticos cuando ni siquiera se sabía que era eso. No olvidemos que este año se ha celebrado la 55 Semana de Música Religiosa de Cuenca. Fuimos una de las ciudades que descubrimos la importancia que puede tener un evento musical anual único y especial. Pero nunca hemos sabido cómo conseguir hacer algo parecido en el verano conquense. Intentos hubo, pero intentos vanos.

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Estival ha abierto un nuevo camino. Estival es único y pretende ser más único todavía si le dejan. Estival es un festival aunque comenzó rondando el jazz ha extendido sus miras a la música de calidad sea cual se su género, “un festival para paladares exigentes”. Y ese es la senda que trata de seguir. El programa de este año ha dejado el listón muy alto y se han vivido momentos absolutamente memorables. Esa Banda de Música de Cuenca compartiendo escenario con Kepa Junkera, esa guitarra de Miguel Ángel Cortés, y esa voz de Rocío Márquez con los coros de las hoces recorriendo el abc flamenco, ese trío mágico que formaron Josemi Carmona, Javier Colina y Bandolero. Y así podríamos estar desgranando un programa intenso en el que todos los participantes sabían que era un momento único y una actuación única. Y ahí andamos en Cuenca. Todavía pensando si arrancamos o si paramos. Si subimos al barco o si nos bajamos.

Y todo eso, a los mandos de un Sísifo con pajarita, que cada año comienza de nuevo a dejarse la piel para alcanzar el sueño de un Estival más y más grande, más consolidado y con más calidad. Pues todo esto se hace realidad un año más gracias al esfuerzo titánico, sobrehumano, inmenso de su director, Marco Antonio de la Ossa. Que con suavidad, con sonrisa, con buen rollo, va surfeando los problemas y haciéndose omnipresente, dando cariño y mimos a todos, público, técnicos, músicos o poetas. Al menos agradezcamos el esfuerzo y el desvelo de los conquenses que ponen su alma en el empeño de que salgamos de la rutina del “ea”. Y convirtamos su pajarita en un símbolo de esa Cuenca a la que estamos obligados a sumar porque nos necesita. Sumemos. Aunque no nos gusten las pajaritas.

Texto de Antonio Nogales y fotografías de Lu Serra

Puedes ver todas las fotos de Lu Serra en este álbum de Facebook

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