En un lugar del Auditorio de Cuenca… Ron Lalá

“En un lugar de La Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme…” esta vez sí se recuerda el nombre de la ciudad manchega que acogió la obra teatral ‘En un lugar del Quijote’ representada por Ron Lalá. Se trata de Cuenca, de su Teatro Auditorio, donde centenares de artistas han pisado sus tablas. El pasado jueves 27 le tocó a esta compañía teatral, que representó a quizás una de las novelas que más se ha llevado al escenario en nuestro país, Don Quijote de La Mancha.

(De izq. a der.) Iñigo Echevarría, Miguel Rovalher, Juan Cañas, Miguel Magdalena y Álvaro Tato. Fotografía Laura Zamora.
(De izq. a der.) Iñigo Echevarría, Miguel Rovalher, Juan Cañas, Miguel Magdalena y Álvaro Tato. Fotografía Laura Zamora.

Una hora antes los actores concedieron a su público una charla-coloquio donde se expusieron y comentaron temas de diversa índole, no dejando atrás el propio tema de la obra que próximamente sería representada. Juan Cañas, Iñigo Echevarría, Daniel Rovalher, Alvaro Tato y Miguel Magdalena se sentaron ante el que minutos después serían sus espectadores, en la sala dos del Teatro Auditorio de Cuenca, resolviendo si aún cabía alguna duda del espectáculo, y no menos del teatro en sí.

Como el propio Cervantes escribió en lo que sería un punto y aparte en cuanto al género literario caballeresco y cortés “el valor reside en el término medio entre la cobardía y la temeridad”,  y es que la profesión de actor no es sencilla, tal y como los actores Ronlaleros nos explican, “amigos del instituto” que han sabido cumplir un sueño y una pasión conjunta de formar una compañía teatral “que se ha convertido en nacional”. A pesar de esto, todos ellos disponen de estudios a sus espaldas, Juan Cañas es licenciado en Pedagogía, ha estudiado música y doblaje; Iñigo Echevarría, estudió en el Taller de Creación, Improvisación y Movimiento de María del Mar Navarro y Andrés Hernández, además de realizar Formación teatral es licenciado económico; Miguel Magdalena, filósofo y músico; Miguel Rovalher ha dedicado su vida al teatro y a la música y Álvaro Tato, licenciado en Filología Hispánica y cuenta con estudios de dirección de escena.

Público durante la charla-coloquio. Fotografía Laura Zarmora.
Público durante la charla-coloquio. Fotografía Laura Zarmora.

Pero, ¿cuáles son las inquietudes habituales de un actor antes de salir al escenario? Además si a este le toca actuar en una provincia manchega, escenario del propio Cervantes en su ilustre obra, “Miedo. Pero si lo haces con honestidad la respuesta del público es mayor” comenta Juan Cañas. Don Quijote de La Mancha es querido y valorado por los ciudadanos castellano manchegos, “para ellos El Quijote es un tesoro” dice Miguel Magdalena, y no es para menos, un “hidalgo caballero andante” que no deja indiferente a nadie y es conocido mundialmente, ha conseguido que Castilla-La Mancha sea una de las obligaciones a estar presente en el itinerario de un turista a su paso por España. A pesar de esto, “si las claves del género están en la parodia, el público te da su apoyo” termina diciendo Juan Cañas.

Programa del Teatro Auditorio de Cuenca. Fotografía Laura Zamora.
Programa del Teatro Auditorio de Cuenca. Fotografía Laura Zamora.

“Desocupado lector, sin juramento me podrás creer que quisiera que este libro, como hijo del entendimiento, fuera el más hermoso, el más gallardo y más discreto que pudiera imaginarse. Pero no he podido yo contravenir a la orden de naturaleza; que en ella cada cosa engendra su semejante” y así se hizo, Cervantes creó un personaje que hizo historia, primicia en esa época, historia que sigue trasmitiéndose, de generación en generación… Y que hace que esa misma historia sea difícil de contar, difícil de enseñar y más aún, difícil de representar con una visión contemporánea como hace Ron Lalá, pero como dice el refrán, ‘quien no arriesga, no gana’ y la clave de que Cervantes no se ‘remueva en su tumba’ por una función no bien traída es “hacer lo que hacía él con sus personajes, mirarle a los ojos” afirma poéticamente Álvaro Tato, dramaturgo que hasta ahora solo se ha comunicado con un divertido lenguaje corporal y tras esta afirmación lo seguirá haciendo.

Fotografía Laura Zamora.
Fotografía Laura Zamora.

Una obra centenaria, exactamente cuatro siglos, desde 1605, un clásico donde los haya, versionado hasta el límite, conocido, como ya hemos dicho, hasta por el último ser humano de este planeta, pero como dice Daniel Rovalher, “los clásicos es algo que siempre está vivo”, y tiene razón, porque cada una de las obras de este singular caballero nos hacen sentir algo especial, algo diferente a lo que hayamos experimentado anteriormente, porque “todo espectáculo necesita de la sorpresa” y en eso, estoy segura de que estamos de acuerdo con Iñigo Echevarría. “Vale”.

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