La jarana y la poesía de El Kanka

Juan Gómez, o mejor dicho, El Kanka , recibe a Cuenca de espaldas a las Hoces, desde el balcón del Parador y con las Casas Colgadas (que no colgantes) y el Puente San Pablo de testigos. No es posible ponerle etiquetas: El Kanka es El Kanka, con su estilo de El Kanka y su “buenrrollismo” de El Kanka. “Canela en rama” para nuestros oídos, manifiesta con su música aquello de “Qué bello es vivir”, transmitiendo esa felicidad que caracteriza a sus ritmos.

Anochecer al compás de guitarras, ukelele y percusión, las letras de El Kanka revolucionan al público, que ansiaba escucharlo, coreando sus canciones mas conocidas; algunos sentados, otros bailando, aunque quede poco espacio en el claustro. Precisamente mal, no estamos, y quejarnos tampoco podemos. No necesita “Instrucciones para bailar un vals”, él solo se basta. Y para eso canta, para hacernos bailar, “para que las canciones sean las banderas”, para hacernos volar.

Poco a poco, más palmas, más voces, más gente y más alegría. Lo que mueve El Kanka, pocos pueden hacerlo, provocando el temblor de hasta la última piedra del Casco Antiguo. Solo él puede mezclar la jarana y la poesía. Cuenca te despide con los brazos abiertos para que vuelvas, porque vengas cuando vengas, serás bienvenido.

Fotografía de Sergio Rubio y texto de Vanesa Moreno Muñoz #makingdiario

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