El Greco en el laberinto. Escenas de la pasión

Pedro Miguel Ibáñez Martínez, doctor en Historia del Arte y profesor de la UCLM, realizó una conferencia en la RACAL para hacernos llegar la presencia del Greco en la capital conquense debido a que Cuenca tiene la fortuna de albergar dos ejemplares del artista cretense en el Museo Diocesano de la ciudad, reseñado por Pedro Miguel como un laberinto cuyo recorrido es caracterizado por su estructura enrevesada. El catedrático conquense estuvo acompañado por el director del Museo Diocesano, Vicente Malabia.

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Pedro Miguel Ibáñez y Vicente Malabia juntos a los dos Grecos. Foto: Fran J. García

 

Cuenca alberga dos Grecos: Cristo con la Cruz y la Oración en el huerto. Dos obras que llegaron a Cuenca desde pueblos de la provincia para ser custodiados en la catedral debido a la Guerra Civil para evitar su destrucción. Antes de comenzar con el análisis de las obras, Pedro Miguel realizó un breve acercamiento al pintor manierista y al curioso hecho de la realización de varias copias de sus obras repartidas por el mundo, donde incluye elementos diferentes en cada una de ellas. “El Greco antes de crear su arte, estudió el arte veneciano y la obra de Tiziano”, comenta Pedro Miguel Ibáñez.

La primera obra presentada por el catedrático conquense fue la Oración en el Huerto,  según el profesor, una “escena nocturna que puede tener su antecedente en los pintores flamencos”. El doctor habló de las diferentes versiones extendidas por el mundo marcando y analizando sus diferencias. Poniéndolas en una línea cronológica y estudiando los elementos de la misma, se podría disponer cierta originalidad.  “El árbol que aparece cortado, puede considerarse un símil de Cristo; metáfora de su resurrección al igual que ese tronco tiende a regenerarse”, comentaba el historiador conquense.

Tras el análisis de la Oración en el Huerto, fue el turno de la siguiente obra: Cristo con la Cruz. Según el profesor, se trata de un cuadro cuya originalidad se puede considerar tal que el resto de variantes de la misma obra que se encuentran por el mundo, son complementarias a la conservada en Cuenca. Según el catedrático conquense, está en un buen estado de conservación y tiene un carácter original debido a que Cristo acaricia la cruz en señal de aceptación a su dramático destino, mientras que su mirada se dirige al horizonte con lágrimas en los ojos; “la luz mística que aparece en la obra, se origina del pensamiento neoplatónico” señala Pedro Miguel Ibáñez.

Finalmente, el ponente conquense, hace referencia a que en el Museo Diocesano no sólo se conservan las obras del pintor cretense, sino que también se pueden apreciar valiosas piezas de índole artístico como es el caso del díptico-relicario de los déspotas de Epiro, obra de estilo bizantino que se localiza junto a los Grecos en la sala subterránea del Museo, además de otros tesoros repartidos por las diferentes estancias del Museo Diocesano de la capital conquense.

 

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