El Cartógrafo y los mapas de la memoria colectiva

La obra de Juan Mayorga se interpretó el pasado viernes 6 de octubre en el Teatro-Auditorio de Cuenca.

Cinco minutos después de la hora prevista, y con más de la mitad del auditorio lleno, la obra interpretada por Blanca Portillo y José Luis García-Pérez dio comienzo. La decoración del escenario era sobria, estaba casi desnudo y dominado por colores rojos y negros, pero muy expresiva. Antes de comenzar, los actores trazaron un perímetro por el que se distribuyeron algunos muebles, sillas y taburetes, que los propios actores movían de lugar para las diferentes escenas. La música y sobre todo la luz, fueron clave para el  éxito de la obra que reafirmó la teoría de “no es cantidad sino calidad”. No hicieron falta muebles, solo la expresividad y el talento de los actores para que con solo sus gestos pudiéramos ver los mapas, las carpetas, los lapiceros y los lugares en los que se desarrollaba la obra, las casas, la exposición…

La pieza, que intenta parar la desmemoria, nace de la experiencia personal del director cuando, en 2008 descubrió en una sinagoga de Varsovia una exposición de fotografías del gueto. Quiso visitar cada uno de los lugares que aparecían en ellas pero no existían, es así como empieza la obra. Se inicia a partir  de la leyenda de una niña que sirviéndole de ojos a su abuelo enfermo, recorrió el gueto de Varsovia para realizar un mapa del mismo. Blanca, interpretada por su tocaya, sale de su casa y entra en una sinagoga creyendo que era una iglesia. Sube al piso de arriba y queda fascinada por cada una de las imágenes. Al salir intenta acudir a los lugares que aparecían en las fotografías que había marcado en el mapa, pero ya no existen. A partir de ahí empieza una investigación para encontrar los lugares que habían sido captados, a la niña de la leyenda del cartógrafo y, para también, encontrar el lugar que ocupa en el mapa de su vida, perdido tras la muerte de su hija.

La función abarca desde el año 1940 a la actualidad de Varsovia donde sus protagonistas viven debido al trabajo del marido de Blanca en la embajada española. La obra es un gran mapa en el que se plasman heridas y desastres. Escrita para 12 actores solo participan en ella Blanca y José Luis pasando de un personaje a otro con gran maestría. De Blanca, una mujer madura, a la niña con pasión por la cartografía tan solo dejando el bolso a un lado, de Blanca a la niña mayor y a la anciana; del marido de Blanca al anciano enfermo, al jefe de la niña mayor, e incluso a la propia Blanca para interpretar una de las últimas escenas y la más fabulosa.

No es la primera vez que los actores trabajan juntos, ya lo hicieron anteriormente en televisión en las series Sé quién eres y Periodistas, y en el cine, en la película Siete mesas de billar. Esto ayer se notó en la obra debido a la gran complicidad que derrochaban sobre todo a mitad de la función interpretando al anciano y a la niña cuando la interrumpieron y Blanca preguntó al público si tenían derecho a interpretar esos personajes. Pregunta que hizo reflexionar al auditorio.

‘El Cartógrafo’ recurre al pasado como forma de aprendizaje. Muestra que no debemos olvidarlo para vivir el presente porque el primero, es el que complementa al segundo y sin él el presente no existiría. Actualmente, vivimos ignorando y olvidando el pasado lo que tendría que ser impensable.

Es una obra para pensar, para hacernos preguntas, reflexionar, por ejemplo sobre la situación actual que vivimos tanto dentro como fuera de España con los millones de inmigrantes que vienen en busca de una vida mejor y a los que no les dejamos entrar a nuestros países y lo mejor que hacemos ante ellos es mirar hacia otro lado y pensar que no nos incumbe. Su finalidad es que a pesar de la muerte no se olvide el pasado. Según Blanca Portillo, la protagonista de la obra, en una entrevista concedida el pasado mes de enero a el diario El Confidencial: “la propia idea de olvido es en sí misma absurda. No se puede borrar lo que ha ocurrido por mucho que lo intentes. Es imposible. Lo mejor que puedes hacer es observarlo. Es un motor que nos hace más fuertes para crecer y aprender, y eso se puede aplicar a un ámbito íntimo y social. Eso es lo que tiene de tremendamente positivo el no olvido: desarrollar la capacidad de construir” (Portillo, 2017).

Texto de Julia Olmo para MakingUCLM. Fotografía joseluis_gpfans

 

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