Cuentos de la Vieja Europa

El mundo al revés.

Hay imágenes que pueden ser posibles. Colección Martinez-Leis

El imaginario del mundo literario se vuelve visible ante la imagen que es permitida a los ojos del espectador, dadora de historias que involucran la narrativa de la mirada de finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX. La necesidad de contar historias ilustradas que dejan al lector complacido por haber experimentado brevemente la unión entre lo visual y lo narrativo. Esos son los cuentos, pequeños formatos con grandes contenidos.

Los cuentos de la vieja Europa abarcan una colección de pliegos de papel creados entre Alemania, Holanda, Francia y España, cada país aporta su visión y técnica entregándonos un cuento distinto, una narrativa en la que el lector se adentra a la concepción del mundo que posee cada ilustrador y cada escritor. En España a las hojas impresas se les ha dado el nombre de pliegos de aleluya y las ilustraciones eran creadas con técnicas gráficas como la litografía y la xilografía, procedimientos de impresión que se continúan utilizando actualmente por ser técnicas que permiten resultados con gran variedad de líneas y tonalidades al mismo tiempo que facilitan la imagen experimental.

Podría pensarse que los cuentos han de tener siempre un contenido infantil, pero en los cuentos de la vieja Europa los temas eran inicialmente dirigidos hacia un público adulto y transgresor, ávido de contenidos políticos visualmente atractivos. Pliegos narrativos y expositivos que en España se caracterizaban por mostrar los argumentos más crudos y ambivalentes, quizá porque la sociedad necesitaba de esa crudeza que el tiempo dictaba y que el narrador se atrevía a conceder. Debemos tomar en cuenta que los conceptos aluden a una época en la que el lector podía familiarizarse con estos pequeños mundos a los que, hoy en día, pertenecen a la memoria colectiva pero que aún logran entretenernos y deleitarnos por la gran astucia con la que fueron escritos. Con el tiempo los cuentos dieron un giro hacia el público infantil, coincidiendo con las aportaciones sobre la educación que Jean-Jacques Rousseau elabora. Posteriormente consideradas como una de las mayores contribuciones en el ámbito pedagógico. Esta transición hacia los cuentos infantiles cambiarían los conceptos anteriores a una composición de cuentos didácticos con carácter efímero, razón por la cual los cuentos españoles no se conservan en comparación con los cuentos alemanes, los cuales apostaban por pliegos más grandes de papel aptos para su conservación.

Los cuentos de la vieja Europa nos entregan una variedad de contenidos visuales y críticos, infantiles a la vez que efímeros, satíricos y políticos, cada uno con su propia visión del mundo. Lo conceptual se traduce en imágenes y oraciones que a través de un pliego de papel   logran transmitir el imaginario europeo y captar la atención de cualquier tipo de público que, dependiendo del país en el que habite, lo adaptara a su propio mundo al revés en el que cualquier idea puede ser posible.

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