La Celestina es el Carpe Diem

Entrevista a Carolina Calema (La Celestina) CTC Producciones

“A mí lo que me motiva es que es una mujer, más allá de que yo ame a los hombres, hay una realidad, y es que la mujer no está muy reivindicada en el teatro. Y además, que sea una mujer sabia. Soy puta, ¿y qué?,  Follo, ¿y qué?, Disfruto ¿y qué?…”

“La Celestina es el carpe diem”

 

Así nos introduce en su camerino la única actriz y titiritera, Carolina Calema,  la acertada adaptación con títeres (que no de títeres)  de La tragicomedia de Calisto y Melibea del director Darío Galo de CTC producciones, la cual  lleva interpretando desde 2009 por todo el mundo y que ahora, se muestra en el Teatro Auditorio de Cuenca para el festival TitiriCuenca 2017.

Allí nos instalamos en el pensamiento del personaje principal -y en el de carne y hueso- un rato antes de comenzar la obra. Frente a mí, una mujer de origen argentino con una energía y una voz vigorosa, y que nada tiene que ver con el acento de su país originario,  se maquilla rayas en las comisuras para simular las arrugas de una vieja alcahueta, mientras nos presenta a la joven Carolina, a la vieja Celestina, y a unos seres que duermen sobre la mesa del camerino y que están a punto de despertar en sus manos. Los  delicados nobles Calisto y Melibea se sostienen en hilos, mientras que los de menor clase, Sempronio y Pármeno, son de palo porque son de clase más baja. Junto a ellos, una máscara veneciana de color granate y de nariz ganchuza con aire grotesco, se prepara para encarnar el lado más honesto y más humano de la obra.

“Tenéis cuerpo. Hombres, mujeres. Estar juntos. ¿Por qué no? Gocemos y holguemos, vivamos el hoy. He hecho cosas mal, pero he vivido”

En medio de esta metamorfosis, la diferencia entre la joven que tengo delante y la vieja que va a salir al escenario se difumina por momentos. Una es otra y otra es una. Las dos se apropian y las luces se apagan. La manipuladora de los personajes empieza a hablar y a moverse por el escenario con sus hilos y palos con una única directriz pero improvisando.  Casi en el centro del proscenio, con una iluminación más caliente y agresiva, surge una Celestina que da vida a la parte más mísera de la obra. Mientras que a un lado y otro del escenario,  con una iluminación más puntual y plana,  sucede lo bonito: El ideal romántico. Dos adolescentes que se desean y que intentan consumir su amor ajeno a todo, sumidos en ese juego que mueve el mundo. “Ese juego de tensiones, que no sea una cosa burda y directa”, como nos cuenta Carolina,  “toda esa tontería hasta llegar al coito,  es lo que más excita…”

“¿Por qué sigue vigente la Celestina? Porque hoy, aunque parezca que sí, no lo hemos aprendido. Hoy nos las damos de libertad sexual, y es mentira. Y la celestina reivindica eso. El placer, pero no el placer porque sí o un placer perverso, habla de un placer honesto y de un ser honesto, incluso en sus miserias. Y por eso para mí es grande, porque ella es lo que es, con sus mierdas y sus beneficios”

Contrariamente a su fama y con la perspectiva personal y psicológica de una actriz titiritera, esta Celestina contemporánea maneja los hilos con intenciones honestas. Elimina las represiones propias de la época que dio luz a esta obra, y les muestra su verdadera naturaleza, les suprime de toda culpa y de la responsabilidad de atreverse. No es ella la que produce los deseos de sus marionetas, sino la que suprime el muro que impide que los cumplan. Como una semidiosa que los libera del pecado carnal, les enseña el camino y  nos invita a disfrutar, a no ser cobardes y a vivir plenamente en el “ahora”.

// Texto de Lu Serra y Fotografía de Sergio Rubio para MakingUCLM

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